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RUDY FERNÁNDEZ: BALONCESTO EN LA SANGRE


Ahora que por fin acabó el lockout de la NBA y las estrellas vuelven a su hábitat natural, se me ha ocurrido hacer un pequeño vídeo de Rudy Fernández, que es posiblemente el jugador español del que más se ha hablado estos últimos meses, debido a su traspaso a los actuales campeones Dallas Mavericks y su mediático fichaje por el Real Madrid durante el cierre. A partir del 25 de diciembre, en apenas dos semanas, empieza una temporada crucial para él en la que deberá demostrar si puede ser importante de verdad en un equipo puntero de la NBA, o por el contrario volver a Europa donde es un jugador dominante. Entre tanto, se esperan duelos muy interesantes como el Timberwolves-Mavericks del 1 de enero en el que Rudy y Ricky Rubio se reencontraran en la pista, ahora como rivales.

JUAN CARLOS NAVARRO: BOMBA INTELIGENTE

Se acaban de cumplir 10 años desde que Pau Gasol diera sus primeros pasos en la aventura de la NBA, como ya son muchos los reportajes, artículos y vídeos que se le han dedicado, yo quiero dejar un pequeño homenaje en forma de video a su inseparable compañero en las categorías inferiores del Barcelona, en el primer equipo, en los Memphis Grizzlies y en la selección española: Juan Carlos Navarro:

Los Detroit Pistons 'Bad Boys'.

En la papelería de al lado de casa todos los años hay distinto merchandising cuando comienza el curso escolar. Estuches, mochilas y carpetas de distintas temáticas.
Suele haber cosas que con el tiempo quedan horriblemente desfasadas: Miguel Angel Muñoz, Rosa de españa, El señor de los anillos, Hanna Montana, Justin Bieber...
Nunca falta a su cita las mochilas de Los Simpson, La Barbie, Spiderman y la NBA.
Y entre la NBA todos los años están las carpetas de los Lakers, Celtics Boston y algún otro equipo de moda. Ahora es Miami, antes eran los Bulls y mucho antes eran los Detroit Pistons.

Y me pregunto yo, ¿Qué hicieron los Pistons para estar en la papelería de al lado de casa?
Pues molar, a finales de los 80 Detroit molaba.

A pesar de que dentro de los USA el estado de Michigan, y en particular la ciudad de Detroit, siempre ha tenido fama de ciudad fabril, gris y macarra ese estilo tuvo su momento. Héroes como Robocop fueron creados para traer la seguridad a las calles de la ciudad, una cantante oriunda de Michigan como Madonna se encumbraba como 'la Reina del pop', la gran industria y los coches más grandes se fabricaban en Detroit. Y para colmo los Pistons ganaban los anillos del '89 y '90 con un juego muy característico que les hacía ser llamados los 'Bad Boys' de la NBA.

¿Y cuales eran las características de ese juego?
Vayamos por partes, que esta pregunta tiene miga.

Comencemos por el entrenador, Chuck Daly. Un tipo muy inteligente que sabía sacar el máximo provecho a las características de cada equipo que le tocaba entrenar. Si tenía en sus manos un elenco de talentos como el Dream Team de Barcelona '92 simplemente les hacía jugar como los ángeles. Si tenía un grupo de jugadores defensivos y broncos como es el caso, priorizaba la defensa frente al ataque y cambiaba constantemente a sus jugadores para que en todo momento estuviesen frescos y atentos. Gracias a esto conseguía sacar a los rivales de sus casillas. Bueno, a esto y a que la mayor parte de su quinteto titular eran expertos en provocaciones y juego sucio.


En defensa tenemos a dos auténticos leñeros: Rick Mahorn y Bill Laimbeer.
Rick Mahorn (a la derecha de la foto) fue apodado como 'el más malo de todos ellos'. Como no podía ser de otra manera era un mostrenco enorme, que no dudaba en agarrar de manera descarada si iban a penetrar a canasta o liarse a tortas si la situación lo requería. Hoy día siendo entrenador del equipo femenino de Detroit sigue protagonizando peleas desde el banquillo.

El siguiente es Bill Laimbeer (a la izquierda). No os dejéis engañar por su cara de niño bueno, este macarra de familia millonaria suplía su falta de velocidad y salto con codazos e insultos. Un suplicio jugar cerca suyo porque en todo momento provocaba al rival hasta que este saltaba y se organizaba la tangana. Su fama se extendió tanto que protagonizó un juego de SNES llamado 'Bill Laimbeer’s Combat Basketball'.


¿Dónde vas Larry?


Para equilibrar un poco todo esto, porque sólo a base de golpes no sale un equipo campeón, estaba Joe Dumars. Un escolta genial en lanzamientos lejanos y por si fuera poco era un gran defensor. Probablemente fruto de las estrategia general del equipo se le exigía defender más que al resto de jugadores de su posición. Aún así su mérito fue reconocido y fue MVP en la final del 89 y seis veces All-Star

Otro de los componentes del quinteto titular fue Mark Aguirre, y como no podía ser de otra manera tenía un caracter un poco controvertido. Ya en la universidad se ganó el apodo de Muffin man debido a su sobrepeso (120kg y 1,98m). Además de sus portentosos números, otro de sus logros de la época universitaria fue el de adelgazar llegando a unos aceptables 101kg.
Nadie dudaba de su calidad pero sí de su personalidad. Como jugador era un 'chupón' y mostraba mal caracter cuando alguien se lo reprochaba. Tanto es así que en más de una ocasión echó a perder algún partido con acciones individuales innecesarias.
Tras la era universitaria fichó por los Mavericks donde a pesar de ser el segundo máximo anotador de su historia se deshicieron de él por el ambiente que creaba en el vestuario.
Y de los Mavericks pasó a los Pistons...
En Detroit tampoco comenzó bien y no se adaptaba al juego de sus compañeros hasta que en una cena de equipo Bill Laimbeer le expuso las críticas de todos sus compañeros y contra todo pronóstico se lo tomó a bien y aprendió. A partir de ahí todo fue mejorar.

De postre he reservado a la auténtica estrella de este equipo; hablo de Isiah Thomas, un tipo que encarnaba como nadie la filosofía de este equipo: Tenía la clase de un campeón y el juego sucio de una rata.
Quizá no sea tan famoso como Jordan, Bird o Magic pero sus números no están muy por detrás de ellos. No en vano está considerado como el mejor Piston de la historia. El problema es que le perdía su caracter. Era un auténtico hijo de puta. Jugar contra él suponía recibir provocaciones, insultos y burlas. No era el que iniciaba las tanganas pero sí el que las provocaba y gracias a esto fue vetado por sus propios compañeros para ir a las olimpiadas de Barcelona '92. En su libro 'Magic' Johnson dice: "Isiah fue su mayor enemigo para que no estuviese en los Juegos Olímpicos. Nadie dentro del equipo quería jugar con él...Michael (Jordan) no deseaba jugar con él. Scottie (Pippen) no quería tenerlo de compañero. Bird no apoyó su presencia y Karl Malone mucho menos".
Nadie olvidaba en la selección que este tipo les había estado haciendo la vida imposible meses atrás y por eso le boicotearon.

Estas cosas no se olvidan en la selección...

Pues esta es la pandilla de cabrones que hicieron historia hace unos cuantos años. Tenemos a dos púgiles en defensa, un chupón, un tipo inaguantable y a Dumars como excepción. Así hicieron historia y concienciaron al baloncesto de la importancia de la defensa. Queridos por unos y odiados por otros la verdad es que consiguieron captar la atención del público y las cámaras. Cuando la gente veía un partido de los Bad Boys la mitad del espectáculo estaba en las jugadas y la otra mitad estaba en ver cuándo se montaba la tangana.
Y es que cuando el juego sucio es tan evidente y descarado se hace hasta inocente y entrañable. Y esto también tiene su encanto.


50 MOMENTOS DEL BASKET FIBA: #48

 
Final de la Liga italiana 2004-2005. Frente a frente, Armani Jeans Milano y Climamio Bolonia, con grandes jugadores como Coldebella, Singleton, Calabria, Djordjevic, Basile, Smodis, Bellinelli o Lorbek.

Al cuarto partido se llega con ventaja 2-1 para los boloñeses, pero el Armani Jeans no está dispuesto a hincar la rodilla y domina el marcador en todo momento. No obstante, un arreón final del Fortitudo le permite llegar perdiendo por un punto a falta de 24 segundos para el final. Djordjevic bota el balón frente a Basile, amasa la pelota mientras pasan los segundos y al límite de a posesión asiste a Calabria para que falle un triple que devuelve la posesión al Fortitudo. 6 segundos, Basile con el balón, se zafa del marcaje de dos jugadores, 3 segundos, pasa el balón a Ruben Douglas que a la desesperada lanza a canasta en posición forzada y consigue un triple milagroso que da el Scudetto al Climamio Bolonia.
 

¿O no? Los arbitros deciden recurrir al instant replay -instaurado durante la temporada anterior- y después de unos tensos momentos de deliberación anuncian la decisión: ¡El triple es válido, Fortitudo es campeón!. Lagrimas para Sasha Djordjevic, que despedía con derrota su último partido como profesional, y alegría para Gianluca Basile, que en su último encuentro con Fortitudo se proclamaba campeón del Scudetto y mejor jugador de las series finales.
 
 

50 MOMENTOS DEL BASKET FIBA: #49

 
Continuamos con nuestra serie sobre los 50 grandes momentos del baloncesto FIBA y lo hacemos con uno de infausto recuerdo para nosotros. Muchos de los lectores no habrán tenido la suerte o la desgracia de vivir ese momento, pero para muchos otros la palabra "angolazo" -un término que al igual que "fistro" debería formar parte del diccionario de la Real Academia- simboliza el ocaso de una de las mejores generaciones del baloncesto español, el final de una etapa gloriosa y llena de éxitos.

1992 fue un año histórico para España, a la Exposición Universal de Sevilla y la Capitalidad Cultural Europea de Madrid, se unió la celebración de los XXV Juegos Olímpicos, y todo ello contribuyó a proyectar en el resto del mundo una imagen moderna y desarrollada del país. Las Olimpiadas fueron un éxito rotundo de organización y participación, y nos dejaron un buen saco de momentos inolvidables: la última porta de la llama olímpica a cargo de Epi, la medalla de oro de Fermín Cacho en los 1500 metros, el podio de la etíope Tulu y la sudafricana Meyer en los 10.000 metros, las 6 medallas de oro de Vitaly Scherbo...Y por encima de todo ello, el espectáculo del Dream Team en la competición de baloncesto.
 
Tulu y Meyer, el triunfo de África y el fin del apartheid

Pero entre el espectáculo y las grandes jugadas de Magic, Jordan, Bird o Charles Barkley, un lunar: la gran decepción de una selección española que no dio la talla. Cierto es que este ya no era el gran equipo de Los Angeles'84, y que el desgaste de Díaz Miguel en el cargo, la huelga de la ABP poco antes de empezar los JJOO, la discutida y discutible elección de los jugadores para el torneo y el complicado grupo que había tocado en suerte no invitaban al optimismo total, pero ni el más pesimista podía imaginar la penosa imagen que dio España en el torneo que iba a significar el adiós de algunos ilustres como Epi. En la primera jornada se perdió contra Alemania y después se ganó a Brasil. Contra la Croacia de Drazen Petrovic, solo un mal final y una lamentable actuación arbitral nos privaron del triunfo, pero lo importante es que el equipo había dado muestras de que podía plantar cara incluso a las selecciones más potentes. Hasta que llegó el partido contra Angola y se destapó la caja de Pandora.
 
Desde las gradas se lo tomaron con filosofía...
 
Todo el mundo sabía que Angola no era un mero comparsa -de hecho habían ganado a Brasil en la jornada anterior- pero contra una selección en la que sólo un integrante superaba los dos metros raspados y en la que sólo únicamente había tres jugadores profesionales, la verdad es que a España se le exigía el triunfo. Pero nada de eso, desde muy pronto se vio que Angola no iba a poner las cosas fáciles, ya que a una defensa muy dura se le sumó un trabajo en ataque realmente fluido y con gran acierto desde la línea de tres. Por su parte, España no daba una a derechas y jugaba sin ninguna tensión ni ritmo, llegando al extremo de que tras el descanso tardaron 13 minutos en anotar la primera canasta en juego. Entonces la cosa se puso realmente surrealista: los jugadores angoleños empezaron a mutar y por unos momentos Jean Jacques Conçeiçao parecía Michael Jordan, Guimaraes era un clon de Larry Bird y Dias el doble de Pat Ewing: pases por la espalda, mates estratosféricos, jugadas de exhibición... la gente no sabía si reir o llorar. Como se dijo en la crónica del partido en El Mundo Deportivo al día siguiente: "Ni siquiera reaccionaron los aficionados con muestras de enfado o indignación, porque hasta el más lego comprendió que perder de 20 ante Angola es más cómico que trágico".

Al final, España 63- Angola 83. Gran debacle con derrota por 20 puntos que ponía fin a la gran etapa que creó la afición por el baloncesto en España, y que dejaba a la selección ante un horizonte de dudas en el que era necesario un cambio y una renovación total.
 
 

50 MOMENTOS DEL BASKET FIBA: #50

Si en la NBA saben de algo es de vender su producto. Sus campañas de publicidad y de marketing suelen ser de alto nivel, encontrando siempre la manera de crear en el espectador esa necesidad de consumir baloncesto NBA, y para ello tienen muy claro que tan importante es el presente de la competición como el pasado, por eso cada dos por tres nos presentan videos contándonos quiénes eran Bill Russell, Jerry West, Magic, Bird, o Jordan.

Hace unos años, la NBA creó una lista de videos con los 60 momentos más grandes en la historia de los Playoffs, y a mí se me ha ocurrido hacer algo similar pero con el baloncesto FIBA. Acotándolo a 50 momentos memorables, intentaremos hacer un repaso a la historia de las mejores ligas europeas, con la liga ACB a la cabeza, la Copa de Europa, Eurobasket, Mundobasket.... Muchos momentos que merecen ser recordados. 

Hoy empezamos la lista con el número 50, que viene muy a colación con algo que ha sucedido recientemente: esta semana tuvimos la noticia de que Arvydas Sabonis había sufrido un leve infarto del que, por suerte, se había recuperado sin problemas. Precisamente es el lituano el que abre esta serie de mejores momentos del baloncesto FIBA con una actuación que realizó precisamente en España, y que se mantiene imborrable en el recuerdo.

En el año 1984 y con tan sólo 20 añitos, Sabonis ya era prácticamente una estrella del baloncesto europeo y mundial. Aunque todavía no había podido explotar del todo (algo que sucedería un año más tarde en el Eurobasket de Stuttgart), el pívot soviético sembraba el terror con su Zalgiris y la selección báltica gracias a su elegancia de movimientos, su gran visión de juego y su descomunal potencia y contundencia en la zona. Era el jugador por el que suspiraba toda Europa y media NBA. Como decimos, en la navidad de 1984 el Real Madrid tuvo la suerte de poder contar con la Unión Soviética en su prestigioso Torneo de Navidad, y tras las semifinales los cruces dieron lugar a la final deseada entre el equipo blanco y la legión roja.

En la final, la URSS dominó en todo momento al Real Madrid gracias a la exhibición de algunos jugadores como el gigante Tkachenko o Iovaisha, compañero de Sabas en el Zalgiris. A falta de poco más de dos minutos para acabar el partido y con todo decidido, se produjo el célebre momento: ¡Sabonis recibe un balón en la zona y machaca el aro con tanta contundencia que rompe el tablero! El cristal se resquebraja y Del Corral se aleja del lugar tras caerle algún pedazo encima. El revuelo en el pabellón es considerable y el trío arbitral duda en ese momento qué decisión tomar, por su parte los aficionados se lo toman con filosofía y comienzan a corear "¡que lo pague, que lo pague!" al bueno de Arvydas. Tras unos minutos de deliberación se decide terminar el partido en ese momento con el marcador de 78-92 favorable a la URSS, y siendo Sabonis elegido unánimemente mejor jugador del torneo, un Torneo en el que dejó una jugada para el recuerdo.

Esto sólo ha sido el comienzo del repaso que vamos a hacer a la historia del baloncesto fuera de la NBA. No se trata de una lista cerrada, así que si recordáis algún otro momento histórico o alguna jugada que os marcó, podéis sugerir su entrada en la lista para posteriores vídeos.


ANTES MUERTA QUE SENCILLA


La noticia creó que es ya por todos conocida, pero me llamó tanto la atención que de escribir algo tenía que ser sobre esto.

A primeros de Junio de este 2011, la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) en Europa, ha decidido que de cara a la Euroliga del próximo año, las jugadoras (de baloncesto) deberán utilizar una equipación más “ajustadita”. La norma, que entró en vigor el pasado 7 de Junio, marca cinco pautas a seguir:

1ª - Los pantalones de juego y las camisetas han de ser más estrechos, siguiendo el contorno del cuerpo.

2ª - La camiseta no debe tapar los hombros de la jugadora (estilo tank-top, tan conocido por todos).

3ª - La camiseta cuelga por encima del pantalón, justo por encima de la cintura. Si es más larga, deberá meterse por dentro del pantalón.

4ª - La anchura del pantalón deberá dejar un máximo de dos centímetros de espacio entre la tela y la piel.

5ª - El pantalón debe estar siempre como mínimo diez centímetros por encima de la rodilla. También se puede da la posibilidad de optar por el modelo body.

Resumiendo, y para que os hagáis un idea, algo parecido a esto:


De esta nueva normativa (que aunque parezca mentira ya ha entrado en vigor) me sugieren un par de interrogantes:

- ¿Por qué? - Pues quien mejor que el director general de esta FIBA, Patrick Bauman, para explicarlo: "No estamos hablando de vestir como en el voley playa, hablamos de mantener la comodidad pero haciéndola más femenina. Son grandes atletas, pero también bellas atletas, por lo que no hay motivo para no mostrarlo". Ahí queda eso, comodidad más belleza, que insensata se podría negar a esto.

Algunas selecciones como la Australina o la de Brasil ya utilizaron esta indumentaria, aunque siempre de manera voluntaria. Incluso la selección española la ha utilizado varias veces en algún campeonato. Pero las protestas no vienen por la estética más ajustada, sino por su obligatoriedad en la categoría femenina escudándose en una justificación que nada tiene que ver con al deporte.

- ¿Y los hombres, también llevarán esta indumentaria? - Estas “pautas obligatorias” son únicamente para las jugadoras, ya que los jugadores de la Euroliga pueden vestir como les de la gana. Desde bien cortito como hacía John Stockton; hasta rollo Allen Iverson, que entre el pedazo pantalón que lleva y las medias por encima de la rodilla, parece que no tenga piernas. Iré algo más lejos, os imagináis al recién retirado Shaquille O'Neall (bello atleta donde los haya) con este atuendo.

No imaginéis, mejor lo vemos:


Y es aquí donde surgen las mayores críticas a esta norma, ¿no os parece algo sexista?; mujeres sí, hombre no.

Pero no es algo nuevo en el mundo del deporte, ya que son varias las disciplinas que obligan a utilizar ciertas indumentarias, como el voleibol o el voley playa. Casos más insólitos como el badminton, aunque lo acabaron quitando porque las chinas no querían ir con esas pintas. O más recientemente el tenis.

Incluso esta misma medida se propuso para el fútbol (allá por el 2004), y que de esta manera el fútbol femenino estuviera algo más “reconocido”, pero esta propuesta no recibió ningún apoyo y no se ha vuelto a oír hablar del tema.

LA NBA CON TINTA Y AGUJA

 Hace poco tuve la (mala) suerte de contemplar el espantoso tatuaje que se había hecho en la espalda el jugador de baloncesto Andrei Kirilenko. En las redes sociales empezaron a circular un par de fotos en las que se veía la espalda de un hombre (que se parecía al jugador de los Utah Jazz) con un enorme tatuaje que representaba a un caballero con su armadura y espada montado encima de un terrorífico monstruo alado. La gente no acababa de creerse que el tatuaje fuera de verdad ni que su portador fuera AK47, así que el propio jugador tuvo que salir ante la prensa para admitirlo: "A mis hijos les encanta, además ya tengo 30 años y puedo hacer lo que quiera. El 99 por ciento de los jugadores de la NBA lleva tatuajes, me parece extraño que se le preste tanta atención a este". En la foto podéis ver el desmesurado tatuaje, que recuerda un poco a la mitología y la estética del videojuego de rol "World of Warcraft", aunque a mí me hizo pensar inmediatamente en el que lleva el siniestro asesino de la novela "Dragón Rojo". No sé si verdaderamente a los hijos de Kirilenko les gusta lo que lleva su padre en la espalda, pero yo no dormiría tranquilo por las noches...


La mayoría de los tatuajes tienen detrás una historia. La historia del tatuaje de Kobe Bryant empieza con una alocada y divertida noche en Colorado. Esa noche de 2003 Kobe Bryant se pegó un revolcón con una chavala de 19 años que le trajo un montón de quebraderos de cabeza con su mujer y con las autoridades, ya que la muchacha le quiso hacer un "miketyson" y le acusó de acoso sexual y violación, aunque tras desembolsar una buena cantidad de dinero Kobe quedó libre de culpa, pero el arreglo con su mujer iba a ser mucho más costoso. Tras miles de disculpas, montones de súplicas y un anillo de cuatro millones de dólares, Kobe salvó su matrimonio y para no volver a descarriarse se grabó un recordatorio en su brazo derecho: se hizo tatuar el nombre de su mujer Vanessa, sobre él una corona, y debajo la inscripción "Salmo XXVII", que viene a decir "cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne, son ellos mis adversarios y enemigos, los que tropiezan y sucumben", aunque seguro que lo que él piensa es "no volveré a tirarme a una chavala que me puede arruinar la vida y dejarme sin un centavo en el bolsillo". Un tatuaje interesante el de Kobe, y es que no es el único jugador que ha decidido en algún momento de su vida profanarse la piel en homenaje a su pareja. Ahí tenemos a Kenyon Martin, que ni corto ni perezoso decidió grabarse en el cuello la marca de los labios pintados de su novia Trina, aunque cuando decidieron separarse el tatuaje quedó allí para siempre como "el beso de la muerte".


En la NBA también son muy comunes los tatuajes religiosos, desde el "Black Jesus" de Amare Stoudamire hasta el "Only God Can Judge Me" de Mike Bibby son cientos los jugadores que utilizan mensajes divinos para decorar su piel.También hay una lucha -por lo menos en el ámbito de los tatuajes- por saber quién es El Elegido. Tanto Paul Pierce como Lebron James llevan en su espalda "Chosen One", y aunque ahora mismo por lo demostrado en la cancha está claro quién sale ganando, si echáis un vistazo a las cicatrices que lleva Pierce en la espalda (producto de varias puñaladas) se podría jurar que alguien allá arriba le protege.


La corriente de llevar citas o frases de la Biblia tatuadas es muy extendida en la NBA (ya lo hemos visto en Kobe Bryant), y otro jugador digno de mención es Andre Brown, que lleva en su pierna derecha un salmo de la Biblia bastante largo. Éste tío lleva encima más letra que el suplemento dominical, aunque yo si hay que leer la Biblia creo hay formas más sugerentes de hacerlo.


En el antiguo Japón se utilizaba el tatuaje para marcar a los indeseables y a los que habían cometido actos reprobables, era una manera de que la gente supiera que no eran individuos honorables. No obstante, en otras épocas fue utilizado como accesorio estético por las más altas esferas, incluídos emperadores. En la actualidad el uso generalizado de letras japonesas le debe bastante al componente exótico e incluso místico que la gente ve en ellos. Marcus Camby fue uno de los primeros jugadores en introducir la moda de los Kanjis en la NBA, y en el biceps de su brazo derecho lleva un tatuaje que dice "esfuérzate al máximo". El porqué de haberlo escrito en japonés es que "estoy muy metido en el rollo japonés, he visto muchas películas de kung fu"; no es de extrañar que su apodo sea Samurai.

  "¡¿que pone bolas de qué...?!

Por lo menos Camby tuvo suerte con la traducción, porque hay otros que no pueden decir lo mismo. Shawn Marion fue a que le tatuaran con signos japoneses su apodo "The Matrix", aunque parece que el pobre tatuador no andaba muy suelto con el japonés y por eso el pobre Marion luce ahora en su pantorrilla un tatuaje que dice "bolas de naftalina del pájaro demonio". Un mensaje de lo más perturbador...


Si es verdad que los tatuajes definen la personalidad de la persona que los lleva, podemos inferir que Deshawn Stevenson es un pobre gilipollas, porque hay que ser un poco retardado para tatuarse en la espalda su nombre y el número 2 de su camiseta, lo malo es que cuando le traspasaron de Washington a Dallas perdió el dorsal 2 por el 92, así que el pobre hombre ahora lleva la espalda un tanto desfasada. Eso sí, no hay duda de que el bueno de Deshawn es todo un patriota, por eso lleva tatuada en el cuello la efigie de Abraham Lincoln, aunque mejor dicho lo que le gusta es coleccionar unos pequeños papelitos de colores que llevan la imagen del mítico presidente.

Superratón, Scrappy Doo y Pedro Picapiedra. ¿Quiénes serán los descerebrados que llevan estos tatus?

Se sabe que en antiguas culturas los tatuajes eran empleados como una forma de infundir temor y respeto en los enemigos, y esa es una de las razones por las que algunos jugadores de la NBA los llevan, para formarse una imagen de tíos duros y añadirle un plus a su juego. Los que seguro que no infunden terror en los jugadores del equipo rival son los portadores de estos tres simpáticos tatuajes. El ex-base de Toronto Raptors y Portland Trail Blazers (entre otros equipos) Damon Stoudamire, era un jugador de gran rapidez y agilidad sobre la cancha, por eso llevaba en su brazo a Superratón, y es que Stoudemire nunca olvidaba vitaminarse y supermineralizarse antes de saltar a la pista. El que lleva el tatuaje de Pedro Picapiedra es el ex-pívot de Utah Gerg Ostertag, un jugador con gran parecido al del personaje animado, ya que era tan tosco, bruto y descoordinado como él, y cuando tiraba a canasta se marcaba unas piedras más gordas que las que usaba Pedro para su troncomóvil. Cómo diría Andrés Montes: "¡Wilma, ábreme la puerta!". Y vamos con Brad Miller, todo un all-star de la NBA que lleva en su brazo nada menos que a Scrappy Doo, el vástago del famoso Scooby Doo. No tengo ni idea del por qué de ese tatuaje, ni si Miller estaba en plenas condiciones psíquicas cuando se lo hizo, pero sin duda hacen falta un par de huevos para hacerse un tatuaje así.

Damon Stoudamire, Greg Ostertag y Brad Miller

Y si hablamos de tatuajes y de baloncesto, hay que hablar de Chris Andersen. La vida de este jugador ha sido desde siempre un torbellino (problemas familiares, renuncia a la universidad, traslado a la liga china, problemas con las drogas...) y eso se refleja también en su piel. Cuando debutó en la NBA hace 10 años apenas llevaba tatuajes, pero actualmente cada centímetro de su cuerpo se ha convertido en una obra de artesanía que habría podido firmar Miguel Angel con su Capilla Sixtina. El último, un horrible y psicodélico tatuaje en el cuello que dice "Free Bird", haciendo honor al apodo que lleva el jugador de los Denver Nuggets.


Bueno, ya para acabar, voy a dejar constancia de mi particular top 5 con los tatuajes más horrorosos de la NBA. La lista es subjetiva, por supuesto, así que si tenéis alguna sugerencia ya sabéis:

Con el número 5: Richard Jefferson. Yo no sabía que los niños de 5 años tenían permiso legal para realizar tatuajes, pero el brazo de Richard Jefferson demuestra que sí. Aunque parezca una calcamonía de esas que venían con los chicles, se trata de un tatuaje de verdad (o algo así...)



Con el número 4: Udonis Haslem y Marquis Daniels. Aunque lo parezca, estos dos jugadores no llevan tatuado el mapa de la isla del tesoro en la espalda. Es sólo que están orgullosos del lugar en el que nacieron y no encontraron una forma más cutre de demostrarlo que esta. Bueno, ahora a ver que tal andáis de geografía para saber de qué estado proceden...



Con el número 3: Monta Ellis. Mira que me encanta el escolta de los Golden State Warriors, pero es que el tatuaje que lleva en la espalda es digno de figurar en el museo de los horrores, ya que además de ser grande es feo de cojones. En él pone "family first", pues ya podía haber pensado un poco en su familia antes de hacerse ese estropicio...


Con el número 2: Michael Beasley. El jugador de los Timberwolves además de ser un tarambana y un fiestero, también demuestra por su tatuaje que no tiene abuela. "Supercool Beas" es el nuevo superhéroe de la NBA, tiene la habilidad de volar con sus alas de "hijo de Dios", aunque su debilidad es la miopía, por lo que vemos en los anteojos que cuelgan de la palabra "Supercool"



Y con el número 1.... Andrei Kirilenko. Sinceramente, estoy acojonado con ese tatuaje. Espero que no cobre vida y se dedique a matar salvajemente a todos los seres humanos sobre la faz de la tierra. Andrei, ¿en qué cojones estabas pensando al hacerte monstruosidad en la espalda?

 El tatuaje que causará furor este verano en todas las playas de España

JASON WILLIAMS, VOLANDO LIBRE


 
Otro nuevo vídeo de Putofutbol

A finales del año 1998 grandes sombras se cernían sobre el futuro de la NBA: Michael Jordan acababa de anunciar su segunda retirada y la liga se quedaba huérfana de su gra y más importante estrella. Era la hora de que jugadores como Kobe Bryant, Shaquille o´Neal, Tim Duncan o Allen Iverson tomaran el mando, pero a la mayoría de aficionados nos sabía a poco tener que conformarnos con eso. Sin embargo, casi desde el comienzo de la temporada en enero de 1999, dos novatos empezaron a asombrarnos con su descaro, su entusiasmo y su fantasía. Uno de ellos era un prestigioso escolta de la Universidad de North Carolina que comenzaba a hacer de los vuelos sin motor algo habitual en la cancha de los perdedores Raptors. El otro, un base de raza blanca que había tenido varios problemas por asuntos de drogas blandas en su etapa universitaria y al que los entrenadores no le auguraban demasiado futuro por su escasa disciplina defensiva. ¿Su nombre? Jason Williams.

Sacramento Kings elegía en el puesto 7 del draft aquella temporada. A pesar de que los informes de los ojeadores dejaban claro que Williams era muy limitado físicamente, que no tenía piernas para correr en ataque ni se esforzaba demasiado en defensa, todos coincidían en que su fantasía para dar el último pase era algo que no le habían visto hacer ni siquiera a Magic Johnson. Con un pobre record de 27-55 la temporada anterior, los Kings decidieron jugársela con Williams y además consiguieron a un Chris Webber venido a menos, al veterano Vlade Divac y al también rookie Peja Stojakovic. Comenzó la temporada y Divac y Webber se mostraban intratables en la pintura, Stojakovic se mostraba como un auténtico veterano anotando desde la distancia, pero lo más sorprendente es que la apuesta por el inestable base blanco resultaba ganadora: Jason Williams levantaba al público de sus asientos en cada partido con pases por la espalda, rápidos crossovers, intrépidos fakes y amagos de balón que volvían locas a las defensas y un tiro a canasta errático pero suficientemente consistente. Poco a poco fue habitual ver jugadas del base entre las 10 mejores de la semana, los Kings eran el equipo más espectacular de la liga y todos querían que se televisasen sus partidos, los chavales intentaban imitar sus jugadas en los colegios y en las calles, y la gente empezaba a preguntarse ¿pero quién demonios es este tío?.

No llenaba el vacío de Jordan, ni mucho menos, pero tanto la irrupción de Vince Carter como la de Jason Williams fue una entrada de aire fresco que le sentó de maravilla a la NBA. El juego de los Kings además de vistoso resultó ser eficaz, ya que los californianos consiguieron clasificarse para los play-offs, de los que fueron apeados ante los Utah Jazz, que contaban con un base en las antípodas de lo que era Jason Williams: donde Stockton era sobrio, Williams era desmesurado, la calma de uno contrastaba con la locura del otro. En alguno de sus duelos saltaron chispas, ya que el estilo de juego de J-Will era interpretado en algún momento como chulería. Williams, acostumbrado ya a verse como un incomprendido, se justificaba: "Yo juego así desde que tenía 9 años. Es mi forma de expresarme en una pista de basket y no me la va a cambiar nadie. Sé que soy diferente, pero esa es mi personalidad. Los demás también tienen que hacer un esfuerzo para comprenderme". Gracias a Williams y sus compañeros, los Kings habían pasado ser un equipo perdedor y olvidado a convertirse en uno de los outsiders de la liga.

En su segunda temporada en la liga, Jason se afianzó y su nombre siguió sonando con más fuerza y era un referente no sólo en el baloncesto, sino en otras disciplinas deportivas. De hecho, el futbolista Djalminha, tras conseguir un memorable gol ante el Real Madrid, confesó haberse inspirado en las jugadas de "Chocolate blanco". En esta temporada 1999-2000 fue cuando vimos su ya inmortal pase con el codo que nos dejó a todos con la boca abierta, sus jugadas seguían siendo de ensueño, él se divertía en la cancha y nosotros nos entusiasmábamos viéndole jugar. Y para colmo el equipo seguía ganando. Un dato esclarecedor: durante la temporada anterior la NBC no programó ningún partido de los Kings a nivel nacional (la temporada del equipo fue una sorpresa para todos). Sin embargo, en esta temporada nada menos que 16 partidos fueron televisados para todo el país, ávido de ver partidos de los Webber, Williams, Stojakovic, Divac, Williamson, Barry...

La tercera campaña de J-Will no empezó tan bien. Tanto los Kings como el jugador se habían estancado en su progresión. El entrenador Rick Adelman empezaba a cansarse de la imprevisibilidad de Williams, de que no supiera controlar la situación en los momentos cruciales de los partidos y de sus malas decisiones en esos minutos finales. En el ambiente empezaba a foltar la idea de que los Sacramento Kings nunca conseguirían ganar nada con un base como Jason Williams, y a pesar de que el público seguía divirtiéndose con sus alley hoops y sus pases de ciencia-ficción, las críticas y voces discordantes empezaron a ser más frecuentes. Finalmente, Williams fue intercambiando por el base de los Vancouver Grizzlies, Mike Bibby.


Los Grizzlies, recién llegados a la ciudad de Memphis, veían el traspaso de JWill como una fructífera operación de marketing para atraer gente a las canchas, ya que la fama espectacular del jugador seguía vigente. Además, las declaraciones de su entrenador Sidney Lowe en el sentido de dejar hacer al base y amoldarse a su imprevisible y dinámico estilo de juego apoyaban esa decisión. Nada mas lejos de la realidad, ya que desde un comienzo Lowe prefirió apoyarse en el juego interior debido al espectacular arranque de Pau Gasol, y pedía a Williams que serenase su juego y se mostrase más cauteloso. Posteriormente otros entrenadores como Hubie Brown o Mike Fratello siguieron moldeando a Jason en ese mismo sentido, y a la vez que los Grizzlies mejoraban año tras año hasta ser capaces de entrar en play-offs en la salvaje Conferencia Oeste, Williams se convertía en un base más sobrio, reduciendo su porcentaje de pérdidas a niveles espectacularmente bajos y eligiendo mejor sus tiros y aumentando su cuota de acierto. Sin embargo, la chispa del Jason Williams original era prácticamente inexistente, se había institucionalizado. Como una estrella fugaz, la magia había desaparecido y de ese número 55 de los Kings solo quedaba una fuerte y polémica personalidad, que fue la que le llevó a salir de los Grizzlies.


En 2005 fichó por los Miami Heat de Shaquille y Pat Riley, consiguiendo el anillo de campéon y demostrando que con un jugador como Jason Williams (o parecido al que fue) se podía ganar la NBA. Dwayne Wade decía de él que “Las cosas tienen a veces un propósito en la vida. Tal vez su destino era venir a Miami y mostrar lo que sabía hacer bien, que es jugar a baloncesto”. Tras un par de temporadas más en Miami, pasó sin pena ni gloria por Orlando Magic y hace unos meses volvió al lugar en el que más estabilidad logró, Memphis. Hace unas semanas anunció que se retira, y al estar lesionado no está pudiendo participar de la excepcional temporada de los Grizzlies, que han conseguido la primera victoria en play-offs de su historia.

Sirva este post como homenaje a uno de los jugadores de baloncesto que más me han hecho divertirme y amar el baloncesto. Como dicen en la película Cadena Perpetua: "Algunos pájaros no pueden ser enjaulados, sus plumas son demasiado hermosas. Y cuando se van volando se alegra esa parte de ti que siempre supo que era un pecado enjaularlos. Aun así el lugar donde tú sigues viviendo resulta más gris y vacío cuando ya no están". Durante el tiempo que Jason Williams pudo volar libre, ilusionó y divirtió a mucha gente, y a veces eso se recuerda más que las victorias o el éxito.

ZAMPABOLLOS DE LA NBA

En la vida hay cosas que no se complementan. No nos cuadra en la cabeza el comer chorizo con nata, y de la misma manera que nos chirría ver a una monja con dos pistolas, también nos produce extrañeza e incluso risa ver a un gordo practicar deporte. Dejando a un lado deportes como la halterofilia o el sumo, hoy voy a habar de personas gordas (gordas, gordas, gordas supergordas...) que han llegado a formar parte de la mejor liga de baloncesto del mundo: ¡la NBA!

Todos sabemos que antes el deporte no estaba tan profesionalizado como ahora y carecía del rigor físico que existe en la actualidad. De la misma manera que en la NBA ha habido grandes jugadores con cuerpo de escombro, también hemos podido gozar de la presencia de titanes como Mel Turpin. Este orondo pívot, tras pasar por las filas de los Washington Bulletts, fichó por los Cavaliers de Cleveland. En el momento de firmar por los Cavs, medía 2,11 metros y pesaba unos 113 kilos. Unas semanas más tarde estaba ya en 120 kilos y al empezar los campus de entrenamiento de pretemporada, se había plantado en más de 140 kilitos.

Turpin era un jugador con graves problemas de concentración y de disciplina, y sus preparadores sudaron sangre para hacerle bajar a un peso razonable para que un hombre de su tamaño pudiese correr sin romperse los tobillos. A pesar de ello fue traspasado a Utah, donde siguió su idilio con la comida y su desencuentro con el entrenador de turno. En Utah el entrenador era otro ilustre gordo, el duro Frank Layden. Preguntado por el aporte de Turpin al equipo de los Jazz, dijo: "gracias a Turpin, hemos logrado equilibrar el banquillo de Utah esta temporada. Él se sienta en un extremo, yo en el otro y así logramos que no se levante".

El gordo Frank Layden junto a su ayudante Jerry Sloan

Por supuesto "Dinner Bell" Turpin fue largado del equipo a la primera oportunidad y recaló en España en las filas del CAI Zaragoza. Aquí siguió dilapidando su talento mientras engullía comida a ritmo de récord e incluso recibió el apodo de Mel "Hamburguesas" Turpin. Aunque andaba ya en casi 150 kilos, su rendimiento fue bueno y se ganó las habichuelas (y el resto del menú, por supuesto).

Uno de los casos más sangrantes ha sido el de Thomas Hamilton, pívot de 2,18 y más pesado que un Boeing 747. Al fichar por los Boston Celtics en 1995, el equipo le suspendió por estar fuera de forma. Meses después el equipo le sacó de la lista de lesionados al creer que ya estaba apto para jugar, pues bien, en ese momento Hamilton pesaba oficialmente ¡165 kilos!, así que no me quiero imaginar el lastre que llevaba encima cuando los Celtics le apartaron. Pronto volvió a las andadas y los técnicos de Boston le sugirieron que o bajaba a 150 kilos o se iba a la puta calle. Hamilton, un experto en desaprovechar oportunidades y defraudar a los que le querían ayudar, ni se molestó en intentar ponerse en forma. No en vano, años atrás y quedando pocas semanas para un torneo en el que estaban muchos ojeadores de la NBA, el agente de Hamilton fue a visitarle y se encontró a una mole de 200 kilos tirada en el sofá de casa.

 Oliver Miller

Otro de los zampabollos más ilustres en la historia de la NBA ha sido Oliver Miller. Conocido como "The Big O", aunque no por sus aptitudes sino más bien por su notable periferia corporal, el bueno de Oliver medía 2,06 metros y llegó a registrar en sus años golfos un peso de 150 kilos. A pesar de ello, en sus primeros años en la liga adquirió fama jugando en los potentes Phoenix Suns de otro "gordo" como Charles Barkley, aunque poco a poco su dejadez y sus grandes tragaderas fueron haciendo mella en su juego y su relación con los compañeros. El propio Sir Charles llegó a decirle: "¡Ni siquiera puedes saltar lo suficiente para tocar el aro a no ser que te pongan un Big mac en lo alto!". Su carrera fue en picado y tuvo que acabar mendigando contratos en la liga de Puerto Rico.

 Curry de frente y de perfil: el algodón no engaña

Esta temporada si duda que el premio al gordo del año se lo lleva Eddy Curry. El pívot de 2,11 fue elegido en el mismo draft que Pau Gasol sólo un puesto por detrás que el jugador catalán, y a pesar de unos inicios titubeantes tuvo alguna buena temporada en los Chicago Bulls y los New York Knicks. Una serie de lesiones sólo le han permitido jugar 10 partidos en las últimas tres temporadas. Hace poco los Miami Heat se han interesado en hacerle un contrato temporal para ayudar el equipo en los play-off, pero cuando Pat Riley le echó el ojo a sus más de 170 kilos de perímetro se lo pensó mejor y decidió no ficharle por temor a que se comiera a alguno de los integrantes del Big Three.
Estos son sólo algunos ejemplos, pero ha habido muchos otros jugadores de la NBA que han lastrado su carrera por tener una mala cabeza, poca disciplina y un apetito voraz, como Robert "Tractor" Traylor, Bryant Reeves o Michael Sweetney.

 Bryant Reeves, un gran oso grizzlie

CÓMO ASESINAR AL JEFE

Año 1970. Universidad de Lasalle (Pennsylvania). Ese año un peculiar entrenador llamado Paul Westhead se hace cargo del equipo de baloncesto del campus. Además de sus labores de coach, Westhead se encarga también de dar clases de literatura y poesía ya que es un gran conocedor de Shakespeare, entre otros autores. Hombre polifacético, utiliza para entrenar a sus jugadores algunos libros como "El zen y el arte del tiro con arco" o "El juego interior del tenis", obligando a los chicos a realizar cosas tan poco corrientes como rondas de tiro a canasta sin balón, o ensayos de tiros libres con los ojos cerrados. Y lo mejor de todo es que las enseñanzas de Westhead funcionan, las victorias llegan consistentemente y este entrenador de Philadelphia graduado en Literatura empieza a hacerse un nombre en el mundo del baloncesto.

Ese mismo año, a varios miles de kilómetros de distancia de Pennsylvania, más concretamente en Denver, un potente ala-pivot nacido en Missisipi debutante en la ABA acaba de conseguir en ese mismo año con los Denver Rockets los galardones de Rookie y MVP de la temporada promediando unos 30 puntos y 20 rebotes. Jugador explosivo y muy excéntrico, Spencer Haywood vive a tope tanto dentro como fuera de cancha, se entrega a sus grandes pasiones: el baloncesto, las chicas, el alcohol y el jazz. Haywood, todo un campeón olímpico (en Mexico '70) empieza a llamar a las puertas de la NBA y los grandes equipos se lo rifan.
 
 
Así pues, estos dos caracteres tan dispares comienzan la década de los 70 dispuestos a comerse el mundo. Y las cosas siguen rodando bien, Westhead consigue llevar a buen puerto su ultrarrápido esquema de juego a La Salle, un run-and-gun a toda velocidad en el que las defensas desaparecen para poner toda la carne en el ataque. No importa encajar 160 puntos si consigues anotar 161. La Universidad llega dos veces al torneo de la NCAA y en 1979 Paul Westhead recibe una gran noticia: Jack McKinney, amigo suyo y a la sazón entrenador de Los Angeles Lakers le ofrece ser su ayudante en la franquicia californiana. Y pocas semanas más tarde salta la sorpresa, ya que McKinney sufre un grave accidente en bicicleta y delega la labor de entrenador en Westhead. De entrenar en la universidad a hacerlo en el mejor equipo del mundo en apenas dos años, buen bagaje para él.
 
 
La carrera de Spencer Haywood tiene más baches en el camino. Tras fichar por los Seattle Supersonics y hacer varias temporadas a gran nivel, siendo incluso all-star, poco a poco los excesos van haciendo que su juego decaiga. Las noches cada vez se hacen más largas, el éxito atrae malas compañías como la cocaína y es traspasado a los Knicks, donde sus problemas no hacen más que agravarse. En Nueva York  hay mucha más cocaina y muchas más mujeres, allí conoce a la top-model Imán (posteriormente mujer de David Bowie) con la que acaba casándose. Tras recalar en los New Orleans Jazz, el baloncesto (por medio de Paul Westhead) le da una última oportunidad de reeencontrarse a sí mismo fichando por Los Angeles Lakers.
 

Haywood era una apuesta personal de Westhead, que incluso había dado a cambio a Adrian Dantley para poder conseguir al jugador sureño. Pero desde un principio las cosas no marcharon bien, ya que Haywood estaba ya visiblemente afectado por sus problemas con la coaína y el crack, no daba la talla en la pista y no hacía más que crear problemas y controversia allá por donde iba. Durante los partidos, solía levantarse desde el banquillo agitando la toalla y gritando su nombre para que la gente le corease y pidiese al entrenador que le sacase a pista. Pasaron los meses y los Lakers llegaron a las finales NBA contra los Sixers de Philadelphia, y Haywood tenía la oportunidad de hacerse valer y demostrar al entrenador que podía confiar en él: pero nada más lejos de la realidad. Un día, tras una larga charla técnica de Westhead en el que enseñaba a los jugadores varios videos del rival, el televisor se apagó, las luces se encendieron y ahí estaba Spencer Haywood completamente dormido. A regañadientes se levantó de la silla y se dirigió con sus compañeros al entrenamiento, tras vendarse los tobillos le pidió de muy malas maneras las tijeras a un compañero. Éste le dijo que las cosas se podían hacer con buenos modales, a lo que Haywood le contestó que "si tengo que pedirte las tijeras por favor, prefiero no utilizarlas". Comenzó el entrenamiento y a los pocos minutos ya estaba otra vez dormido a pierna suelta, y eso fue ya la gota que colmó el vaso para Westhead, que decidió expulsar al jugador del equipo para el resto de las finales.

Entonces Spencer Haywood hizo lo que cualquier persona en sus cabales NO habría hecho. Lleno de furia y hasta arriba de cocaína, cogió su coche y se dirigió rápidamente a casa mientras un plan se gestaba en su perturbada mente: "Abandoné el Forum y mientras iba en mi Rolls a casa daba vueltas a un único pensamiento: que Westhead debía morir". Llegó a casa y no sólo no desistió de sus planes sino que siguió maquinando, y decidió que la mejor manera de acabar con el entrenador era manipular los frenos de su coche. Llamó a un amigo suyo, un gangster de Detroit, y le explicó la situación y lo que había que hacer. Todo estaba preparado, pero la madre de Haywood acabó enterándose del asunto y tras hablar con su hijo y le hizo recapacitar. Por suerte para Westhead, el erudito profesor de literatura, acababa de librarse de protagonizar en sus propias carnes una gran tragedia de tintes shakespearianos. Lo cierto es que, por unos u otros motivos, ni Haywood ni Westhead tuvieron una larga carrera en los Angeles, sus singulares personalidades les llevaron a lugares de lo más variopintos alejados de la primera línea deportiva en los que poder reencontrarse a sí mismos: Haywood rehabilitarse y volver a sentirse una persona y baloncestista válido, y Westhead por su parte conseguir poner en marcha su supersónica táctica de juego.