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JUAN CARLOS NAVARRO: BOMBA INTELIGENTE

Se acaban de cumplir 10 años desde que Pau Gasol diera sus primeros pasos en la aventura de la NBA, como ya son muchos los reportajes, artículos y vídeos que se le han dedicado, yo quiero dejar un pequeño homenaje en forma de video a su inseparable compañero en las categorías inferiores del Barcelona, en el primer equipo, en los Memphis Grizzlies y en la selección española: Juan Carlos Navarro:

Los Detroit Pistons 'Bad Boys'.

En la papelería de al lado de casa todos los años hay distinto merchandising cuando comienza el curso escolar. Estuches, mochilas y carpetas de distintas temáticas.
Suele haber cosas que con el tiempo quedan horriblemente desfasadas: Miguel Angel Muñoz, Rosa de españa, El señor de los anillos, Hanna Montana, Justin Bieber...
Nunca falta a su cita las mochilas de Los Simpson, La Barbie, Spiderman y la NBA.
Y entre la NBA todos los años están las carpetas de los Lakers, Celtics Boston y algún otro equipo de moda. Ahora es Miami, antes eran los Bulls y mucho antes eran los Detroit Pistons.

Y me pregunto yo, ¿Qué hicieron los Pistons para estar en la papelería de al lado de casa?
Pues molar, a finales de los 80 Detroit molaba.

A pesar de que dentro de los USA el estado de Michigan, y en particular la ciudad de Detroit, siempre ha tenido fama de ciudad fabril, gris y macarra ese estilo tuvo su momento. Héroes como Robocop fueron creados para traer la seguridad a las calles de la ciudad, una cantante oriunda de Michigan como Madonna se encumbraba como 'la Reina del pop', la gran industria y los coches más grandes se fabricaban en Detroit. Y para colmo los Pistons ganaban los anillos del '89 y '90 con un juego muy característico que les hacía ser llamados los 'Bad Boys' de la NBA.

¿Y cuales eran las características de ese juego?
Vayamos por partes, que esta pregunta tiene miga.

Comencemos por el entrenador, Chuck Daly. Un tipo muy inteligente que sabía sacar el máximo provecho a las características de cada equipo que le tocaba entrenar. Si tenía en sus manos un elenco de talentos como el Dream Team de Barcelona '92 simplemente les hacía jugar como los ángeles. Si tenía un grupo de jugadores defensivos y broncos como es el caso, priorizaba la defensa frente al ataque y cambiaba constantemente a sus jugadores para que en todo momento estuviesen frescos y atentos. Gracias a esto conseguía sacar a los rivales de sus casillas. Bueno, a esto y a que la mayor parte de su quinteto titular eran expertos en provocaciones y juego sucio.


En defensa tenemos a dos auténticos leñeros: Rick Mahorn y Bill Laimbeer.
Rick Mahorn (a la derecha de la foto) fue apodado como 'el más malo de todos ellos'. Como no podía ser de otra manera era un mostrenco enorme, que no dudaba en agarrar de manera descarada si iban a penetrar a canasta o liarse a tortas si la situación lo requería. Hoy día siendo entrenador del equipo femenino de Detroit sigue protagonizando peleas desde el banquillo.

El siguiente es Bill Laimbeer (a la izquierda). No os dejéis engañar por su cara de niño bueno, este macarra de familia millonaria suplía su falta de velocidad y salto con codazos e insultos. Un suplicio jugar cerca suyo porque en todo momento provocaba al rival hasta que este saltaba y se organizaba la tangana. Su fama se extendió tanto que protagonizó un juego de SNES llamado 'Bill Laimbeer’s Combat Basketball'.


¿Dónde vas Larry?


Para equilibrar un poco todo esto, porque sólo a base de golpes no sale un equipo campeón, estaba Joe Dumars. Un escolta genial en lanzamientos lejanos y por si fuera poco era un gran defensor. Probablemente fruto de las estrategia general del equipo se le exigía defender más que al resto de jugadores de su posición. Aún así su mérito fue reconocido y fue MVP en la final del 89 y seis veces All-Star

Otro de los componentes del quinteto titular fue Mark Aguirre, y como no podía ser de otra manera tenía un caracter un poco controvertido. Ya en la universidad se ganó el apodo de Muffin man debido a su sobrepeso (120kg y 1,98m). Además de sus portentosos números, otro de sus logros de la época universitaria fue el de adelgazar llegando a unos aceptables 101kg.
Nadie dudaba de su calidad pero sí de su personalidad. Como jugador era un 'chupón' y mostraba mal caracter cuando alguien se lo reprochaba. Tanto es así que en más de una ocasión echó a perder algún partido con acciones individuales innecesarias.
Tras la era universitaria fichó por los Mavericks donde a pesar de ser el segundo máximo anotador de su historia se deshicieron de él por el ambiente que creaba en el vestuario.
Y de los Mavericks pasó a los Pistons...
En Detroit tampoco comenzó bien y no se adaptaba al juego de sus compañeros hasta que en una cena de equipo Bill Laimbeer le expuso las críticas de todos sus compañeros y contra todo pronóstico se lo tomó a bien y aprendió. A partir de ahí todo fue mejorar.

De postre he reservado a la auténtica estrella de este equipo; hablo de Isiah Thomas, un tipo que encarnaba como nadie la filosofía de este equipo: Tenía la clase de un campeón y el juego sucio de una rata.
Quizá no sea tan famoso como Jordan, Bird o Magic pero sus números no están muy por detrás de ellos. No en vano está considerado como el mejor Piston de la historia. El problema es que le perdía su caracter. Era un auténtico hijo de puta. Jugar contra él suponía recibir provocaciones, insultos y burlas. No era el que iniciaba las tanganas pero sí el que las provocaba y gracias a esto fue vetado por sus propios compañeros para ir a las olimpiadas de Barcelona '92. En su libro 'Magic' Johnson dice: "Isiah fue su mayor enemigo para que no estuviese en los Juegos Olímpicos. Nadie dentro del equipo quería jugar con él...Michael (Jordan) no deseaba jugar con él. Scottie (Pippen) no quería tenerlo de compañero. Bird no apoyó su presencia y Karl Malone mucho menos".
Nadie olvidaba en la selección que este tipo les había estado haciendo la vida imposible meses atrás y por eso le boicotearon.

Estas cosas no se olvidan en la selección...

Pues esta es la pandilla de cabrones que hicieron historia hace unos cuantos años. Tenemos a dos púgiles en defensa, un chupón, un tipo inaguantable y a Dumars como excepción. Así hicieron historia y concienciaron al baloncesto de la importancia de la defensa. Queridos por unos y odiados por otros la verdad es que consiguieron captar la atención del público y las cámaras. Cuando la gente veía un partido de los Bad Boys la mitad del espectáculo estaba en las jugadas y la otra mitad estaba en ver cuándo se montaba la tangana.
Y es que cuando el juego sucio es tan evidente y descarado se hace hasta inocente y entrañable. Y esto también tiene su encanto.


50 MOMENTOS DEL BASKET FIBA: #48

 
Final de la Liga italiana 2004-2005. Frente a frente, Armani Jeans Milano y Climamio Bolonia, con grandes jugadores como Coldebella, Singleton, Calabria, Djordjevic, Basile, Smodis, Bellinelli o Lorbek.

Al cuarto partido se llega con ventaja 2-1 para los boloñeses, pero el Armani Jeans no está dispuesto a hincar la rodilla y domina el marcador en todo momento. No obstante, un arreón final del Fortitudo le permite llegar perdiendo por un punto a falta de 24 segundos para el final. Djordjevic bota el balón frente a Basile, amasa la pelota mientras pasan los segundos y al límite de a posesión asiste a Calabria para que falle un triple que devuelve la posesión al Fortitudo. 6 segundos, Basile con el balón, se zafa del marcaje de dos jugadores, 3 segundos, pasa el balón a Ruben Douglas que a la desesperada lanza a canasta en posición forzada y consigue un triple milagroso que da el Scudetto al Climamio Bolonia.
 

¿O no? Los arbitros deciden recurrir al instant replay -instaurado durante la temporada anterior- y después de unos tensos momentos de deliberación anuncian la decisión: ¡El triple es válido, Fortitudo es campeón!. Lagrimas para Sasha Djordjevic, que despedía con derrota su último partido como profesional, y alegría para Gianluca Basile, que en su último encuentro con Fortitudo se proclamaba campeón del Scudetto y mejor jugador de las series finales.
 
 

50 MOMENTOS DEL BASKET FIBA: #49

 
Continuamos con nuestra serie sobre los 50 grandes momentos del baloncesto FIBA y lo hacemos con uno de infausto recuerdo para nosotros. Muchos de los lectores no habrán tenido la suerte o la desgracia de vivir ese momento, pero para muchos otros la palabra "angolazo" -un término que al igual que "fistro" debería formar parte del diccionario de la Real Academia- simboliza el ocaso de una de las mejores generaciones del baloncesto español, el final de una etapa gloriosa y llena de éxitos.

1992 fue un año histórico para España, a la Exposición Universal de Sevilla y la Capitalidad Cultural Europea de Madrid, se unió la celebración de los XXV Juegos Olímpicos, y todo ello contribuyó a proyectar en el resto del mundo una imagen moderna y desarrollada del país. Las Olimpiadas fueron un éxito rotundo de organización y participación, y nos dejaron un buen saco de momentos inolvidables: la última porta de la llama olímpica a cargo de Epi, la medalla de oro de Fermín Cacho en los 1500 metros, el podio de la etíope Tulu y la sudafricana Meyer en los 10.000 metros, las 6 medallas de oro de Vitaly Scherbo...Y por encima de todo ello, el espectáculo del Dream Team en la competición de baloncesto.
 
Tulu y Meyer, el triunfo de África y el fin del apartheid

Pero entre el espectáculo y las grandes jugadas de Magic, Jordan, Bird o Charles Barkley, un lunar: la gran decepción de una selección española que no dio la talla. Cierto es que este ya no era el gran equipo de Los Angeles'84, y que el desgaste de Díaz Miguel en el cargo, la huelga de la ABP poco antes de empezar los JJOO, la discutida y discutible elección de los jugadores para el torneo y el complicado grupo que había tocado en suerte no invitaban al optimismo total, pero ni el más pesimista podía imaginar la penosa imagen que dio España en el torneo que iba a significar el adiós de algunos ilustres como Epi. En la primera jornada se perdió contra Alemania y después se ganó a Brasil. Contra la Croacia de Drazen Petrovic, solo un mal final y una lamentable actuación arbitral nos privaron del triunfo, pero lo importante es que el equipo había dado muestras de que podía plantar cara incluso a las selecciones más potentes. Hasta que llegó el partido contra Angola y se destapó la caja de Pandora.
 
Desde las gradas se lo tomaron con filosofía...
 
Todo el mundo sabía que Angola no era un mero comparsa -de hecho habían ganado a Brasil en la jornada anterior- pero contra una selección en la que sólo un integrante superaba los dos metros raspados y en la que sólo únicamente había tres jugadores profesionales, la verdad es que a España se le exigía el triunfo. Pero nada de eso, desde muy pronto se vio que Angola no iba a poner las cosas fáciles, ya que a una defensa muy dura se le sumó un trabajo en ataque realmente fluido y con gran acierto desde la línea de tres. Por su parte, España no daba una a derechas y jugaba sin ninguna tensión ni ritmo, llegando al extremo de que tras el descanso tardaron 13 minutos en anotar la primera canasta en juego. Entonces la cosa se puso realmente surrealista: los jugadores angoleños empezaron a mutar y por unos momentos Jean Jacques Conçeiçao parecía Michael Jordan, Guimaraes era un clon de Larry Bird y Dias el doble de Pat Ewing: pases por la espalda, mates estratosféricos, jugadas de exhibición... la gente no sabía si reir o llorar. Como se dijo en la crónica del partido en El Mundo Deportivo al día siguiente: "Ni siquiera reaccionaron los aficionados con muestras de enfado o indignación, porque hasta el más lego comprendió que perder de 20 ante Angola es más cómico que trágico".

Al final, España 63- Angola 83. Gran debacle con derrota por 20 puntos que ponía fin a la gran etapa que creó la afición por el baloncesto en España, y que dejaba a la selección ante un horizonte de dudas en el que era necesario un cambio y una renovación total.
 
 

50 MOMENTOS DEL BASKET FIBA: #50

Si en la NBA saben de algo es de vender su producto. Sus campañas de publicidad y de marketing suelen ser de alto nivel, encontrando siempre la manera de crear en el espectador esa necesidad de consumir baloncesto NBA, y para ello tienen muy claro que tan importante es el presente de la competición como el pasado, por eso cada dos por tres nos presentan videos contándonos quiénes eran Bill Russell, Jerry West, Magic, Bird, o Jordan.

Hace unos años, la NBA creó una lista de videos con los 60 momentos más grandes en la historia de los Playoffs, y a mí se me ha ocurrido hacer algo similar pero con el baloncesto FIBA. Acotándolo a 50 momentos memorables, intentaremos hacer un repaso a la historia de las mejores ligas europeas, con la liga ACB a la cabeza, la Copa de Europa, Eurobasket, Mundobasket.... Muchos momentos que merecen ser recordados. 

Hoy empezamos la lista con el número 50, que viene muy a colación con algo que ha sucedido recientemente: esta semana tuvimos la noticia de que Arvydas Sabonis había sufrido un leve infarto del que, por suerte, se había recuperado sin problemas. Precisamente es el lituano el que abre esta serie de mejores momentos del baloncesto FIBA con una actuación que realizó precisamente en España, y que se mantiene imborrable en el recuerdo.

En el año 1984 y con tan sólo 20 añitos, Sabonis ya era prácticamente una estrella del baloncesto europeo y mundial. Aunque todavía no había podido explotar del todo (algo que sucedería un año más tarde en el Eurobasket de Stuttgart), el pívot soviético sembraba el terror con su Zalgiris y la selección báltica gracias a su elegancia de movimientos, su gran visión de juego y su descomunal potencia y contundencia en la zona. Era el jugador por el que suspiraba toda Europa y media NBA. Como decimos, en la navidad de 1984 el Real Madrid tuvo la suerte de poder contar con la Unión Soviética en su prestigioso Torneo de Navidad, y tras las semifinales los cruces dieron lugar a la final deseada entre el equipo blanco y la legión roja.

En la final, la URSS dominó en todo momento al Real Madrid gracias a la exhibición de algunos jugadores como el gigante Tkachenko o Iovaisha, compañero de Sabas en el Zalgiris. A falta de poco más de dos minutos para acabar el partido y con todo decidido, se produjo el célebre momento: ¡Sabonis recibe un balón en la zona y machaca el aro con tanta contundencia que rompe el tablero! El cristal se resquebraja y Del Corral se aleja del lugar tras caerle algún pedazo encima. El revuelo en el pabellón es considerable y el trío arbitral duda en ese momento qué decisión tomar, por su parte los aficionados se lo toman con filosofía y comienzan a corear "¡que lo pague, que lo pague!" al bueno de Arvydas. Tras unos minutos de deliberación se decide terminar el partido en ese momento con el marcador de 78-92 favorable a la URSS, y siendo Sabonis elegido unánimemente mejor jugador del torneo, un Torneo en el que dejó una jugada para el recuerdo.

Esto sólo ha sido el comienzo del repaso que vamos a hacer a la historia del baloncesto fuera de la NBA. No se trata de una lista cerrada, así que si recordáis algún otro momento histórico o alguna jugada que os marcó, podéis sugerir su entrada en la lista para posteriores vídeos.


PARTIDAZOS: BARCELONA-GOTEBÖRG 1986

Hace poco tuve la oportunidad de ver el documental "Fotbollens sista proletärer", que hace un repaso por los años mágicos del IFK Gotebörg, legendario equipo sueco que durante los años 80 paseó sus fútbol rocoso y eficaz por los campos de Europa con gran reconocimiento y éxito. En la película se hace especial memoria de aquella temporada 1985-86 en la que el equipo blanquiazul estuvo a un paso de clasificarse para la final de la Copa de Europa, en una espectacular eliminatoria contra el FC Barcelona.

El narrador del documental dice que "no fue hace tanto tiempo, sin embargo todo es ahora tan diferente". Y es verdad, en aquel año 1986 equipos modestos como el Gotebörg o el Steaua de Bucarest eran capaces de llegar hasta las últimas instancias de la Copa de Europa, el representante español en la máxima competición era un Barcelona que practicaba un estilo de juego muy directo y puramente inglés de la mano de Terry Venables (el "estilo Cruyff" era en aquellos años todavía una quimera), el fútbol era un deporte mucho más duro -es verdad- pero también más honesto y en el que no había concesiones de cara a la galería, todo podía pasar y a la hora de la verdad incluso los más grandes equipos podían sucumbir ante el pez más chico.

Con este panorama se presentó el Barcelona en el modesto estadio Ullevi para dirimir el partido de ida de las semifinales de la Copa de Europa ante el Gotebörg. Para llegar a esta eliminatoria, el equipo catalán había tenido que sudar tinta para eliminar al Sparta de Praga y al Oporto primero, y a la poderosa Juventus de Platini, Scirea y Michael Laudrup después, y por ello los azulgranas contaban con vivir un duelo más tranquilo ante el -a priori- menos inquietante conjunto sueco. Formado por un bombero, un cocinero y un fontanero, entre otros oficios, el Gotebörg tenía un carácter de equipo amateur que no se correspondía con sus prestaciones sobre el terreno de juego, como bien había podido comprobar el Aberdeen de Alex Ferguson en la eliminatoria anterior.

Terry Venables había tomado bueno nota: "Ni el Gotebörg es amateur, ni me fío un pelo de ellos". Las sospechas eran fundadas: antes del descanso, el cocinero Torbjörn Nilsson ya había puesto un inquietante 2-0 en el marcador, y para rematar la faena el bombero Holmgren se encargo de apagar todas las esperanzas del Barcelona con un tercer gol. Importante descalabro, que no podía achacarse totalmente ni a la mala suerte ni al mal estado del terreno de juego. En el vestuario azulgrana las caras eran de pocos amigos y la eliminación se veía esta vez muy cercana, sólamente algunos jugadores de carácter como Julio Alberto o Marcos hacían declaraciones optimistas de cara al futuro, e incluso el lateral apelaba a los "huevos" para poder sacar la eliminatoria adelante con el apoyo del público.


Durante las dos semanas previas al partido de vuelta, el Barcelona no paró de lanzar mensajes a los aficionados para que llenasen el Camp Nou, animasen sin parar al equipo y fuesen una parte activa y desequilibrante de la eliminatoria. Y llegó el día 16 de abril con malas noticias: dos de los pilares del equipo, Steve Archibald y Berndt Schuster serían baja para el crucial choque, aunque a última hora el alemán pudo recuperarse con las facultades físicas muy mermadas. En la punta del ataque, las esperanzas habían sido fiadas a Pichi Alonso, que se había pasado tres años calentando banquillo en el Camp Nou y que en circusntancias normales ni habría pasado vestirse de corto aquel día. Pero como el destino tiene estas cosas, quién menos se esperaba fue el que dinamitó la eliminatoria: en un estadio que se mostró como una olla a presión, el Barcelona salió en tromba desde el principio y a los 10 minutos ya se había adelantado en el marcador gracias a Pichi.

Pero este contratiempo no alteró para nada al equipo sueco, que siguió a lo suyo sin ponerse nervioso. De hecho hubo una parte del partido en la que Uruti fue -como tantas otras veces- el salvador del Barcelona con paradas de mérito. El partido era vibrante, con dos equipos jugando de forma muy concisa y directa, con constantes ocasiones de gol, y así discurrieron las cosas hasta que a falta de 25 minutos para el final, Pichi recibió un pase en profundidad de Migueli y definió con la tranquilidad propia de un cazagoles nato. 2-0 y el partido entraba en esa fase en la que el corazón se imponía a la razón, y aunque los suecos no se daban por vencidos, parecían resignarse al hecho de que el Barcelona no iba a parar hasta cosneguir igualar la eliminatoria. Y así fue, cuando a falta de 25 minutos el Lobo Carrasco relizó una de sus clásicas internadas por la banda izquierda, y tras realizar una serie de quiebros al defensor consiguió zafarse de él para poner un centro perfecto a la cabeza de Pichi, que mandaba el balón al interior de las mallas y ponía en éxtasis al Camp Nou. Tras una tensa prórroga en la que ambos equipos parecieron firmar el armisticio, y en la que Pichi Alonso fue sustituido por Clos, consiguiendo así el aplauso unánime del estadio, se llegó a la fatídica tanda de penaltis.


Y cómo en una tanda de penaltis puede pasar cualquier cosa, pasó que uno de los mejores jugadores durante el partido -el Lobo Carrasco- falló su lanzamiento y acto seguido TorbjÖrn Nilsson acertó en el suyo para poner el 2-4 que obligaba al Barcelona a materializar sus dos lanzamientos restantes y parar el del Göteborg. Calderé consiguió y anotar y el destino del Barça estaba ahora en los guantes de Urruti. El genial guardameta vasco adivinó a la perfección hacia donde iba a lanzar el sueco y detuvo con una estirada felina. El estadio entero estalló en júbilo pero el portero hizo gestos al público de que se calmase, ya que aún había más: el propio Urruti era el encargado de lanzar el último penalti para empatar la tanda.

Y es que Urruti, además de un maestro a la hora de detener penaltis, era también un consumado lanzador de ellos. Sin ningún tipo de nervios, haciendo una paradinha y engañando completamente al portero Wernersson, conseguía el gol de la momentánea tranquilidad. Después de salvar por enésima vez una situación de riesgo extremo, esta vez el partido no se le podía escapar al Barcelona: el noruego Mordt lanzó fuera su lanzamiento y Victor Muñoz ponía el sello a una noche que sería histórica consiguiendo marcar el penalti deinitivo. ¡Éxtasis en el Camp Nou! Pichi Alonso veía sorprendido cómo dos periodistas se disputaban hacerle una entrevista a pie de campo, y les decía en un tono entre jocoso y melancólico "no os peleéis por mi, si nunca me habéis querido", Terry Venables era izado en volandas por sus propios jugadores, Carrasco respiraba por fin aliviado y se quitaba el peso de encima de su lanzamiento fallado, y Victor era abrazado y felicitado por todos, incluido un jóven recogepelotas de Santpedor que vivía desde el anonimato una de sus primeras noches mágicas en el Camp Nou.

25 años después, el Barcelona volvería a jugar una final de Copa de Europa, y lo haría cómo en casa en un Sánchez Pizjuan de claro color azulgrana, ante un rival primerizo llegado de Europa del Este: el Steaua de Bucarest. Pero eso ya es otra historia.

JASON WILLIAMS, VOLANDO LIBRE


 
Otro nuevo vídeo de Putofutbol

A finales del año 1998 grandes sombras se cernían sobre el futuro de la NBA: Michael Jordan acababa de anunciar su segunda retirada y la liga se quedaba huérfana de su gra y más importante estrella. Era la hora de que jugadores como Kobe Bryant, Shaquille o´Neal, Tim Duncan o Allen Iverson tomaran el mando, pero a la mayoría de aficionados nos sabía a poco tener que conformarnos con eso. Sin embargo, casi desde el comienzo de la temporada en enero de 1999, dos novatos empezaron a asombrarnos con su descaro, su entusiasmo y su fantasía. Uno de ellos era un prestigioso escolta de la Universidad de North Carolina que comenzaba a hacer de los vuelos sin motor algo habitual en la cancha de los perdedores Raptors. El otro, un base de raza blanca que había tenido varios problemas por asuntos de drogas blandas en su etapa universitaria y al que los entrenadores no le auguraban demasiado futuro por su escasa disciplina defensiva. ¿Su nombre? Jason Williams.

Sacramento Kings elegía en el puesto 7 del draft aquella temporada. A pesar de que los informes de los ojeadores dejaban claro que Williams era muy limitado físicamente, que no tenía piernas para correr en ataque ni se esforzaba demasiado en defensa, todos coincidían en que su fantasía para dar el último pase era algo que no le habían visto hacer ni siquiera a Magic Johnson. Con un pobre record de 27-55 la temporada anterior, los Kings decidieron jugársela con Williams y además consiguieron a un Chris Webber venido a menos, al veterano Vlade Divac y al también rookie Peja Stojakovic. Comenzó la temporada y Divac y Webber se mostraban intratables en la pintura, Stojakovic se mostraba como un auténtico veterano anotando desde la distancia, pero lo más sorprendente es que la apuesta por el inestable base blanco resultaba ganadora: Jason Williams levantaba al público de sus asientos en cada partido con pases por la espalda, rápidos crossovers, intrépidos fakes y amagos de balón que volvían locas a las defensas y un tiro a canasta errático pero suficientemente consistente. Poco a poco fue habitual ver jugadas del base entre las 10 mejores de la semana, los Kings eran el equipo más espectacular de la liga y todos querían que se televisasen sus partidos, los chavales intentaban imitar sus jugadas en los colegios y en las calles, y la gente empezaba a preguntarse ¿pero quién demonios es este tío?.

No llenaba el vacío de Jordan, ni mucho menos, pero tanto la irrupción de Vince Carter como la de Jason Williams fue una entrada de aire fresco que le sentó de maravilla a la NBA. El juego de los Kings además de vistoso resultó ser eficaz, ya que los californianos consiguieron clasificarse para los play-offs, de los que fueron apeados ante los Utah Jazz, que contaban con un base en las antípodas de lo que era Jason Williams: donde Stockton era sobrio, Williams era desmesurado, la calma de uno contrastaba con la locura del otro. En alguno de sus duelos saltaron chispas, ya que el estilo de juego de J-Will era interpretado en algún momento como chulería. Williams, acostumbrado ya a verse como un incomprendido, se justificaba: "Yo juego así desde que tenía 9 años. Es mi forma de expresarme en una pista de basket y no me la va a cambiar nadie. Sé que soy diferente, pero esa es mi personalidad. Los demás también tienen que hacer un esfuerzo para comprenderme". Gracias a Williams y sus compañeros, los Kings habían pasado ser un equipo perdedor y olvidado a convertirse en uno de los outsiders de la liga.

En su segunda temporada en la liga, Jason se afianzó y su nombre siguió sonando con más fuerza y era un referente no sólo en el baloncesto, sino en otras disciplinas deportivas. De hecho, el futbolista Djalminha, tras conseguir un memorable gol ante el Real Madrid, confesó haberse inspirado en las jugadas de "Chocolate blanco". En esta temporada 1999-2000 fue cuando vimos su ya inmortal pase con el codo que nos dejó a todos con la boca abierta, sus jugadas seguían siendo de ensueño, él se divertía en la cancha y nosotros nos entusiasmábamos viéndole jugar. Y para colmo el equipo seguía ganando. Un dato esclarecedor: durante la temporada anterior la NBC no programó ningún partido de los Kings a nivel nacional (la temporada del equipo fue una sorpresa para todos). Sin embargo, en esta temporada nada menos que 16 partidos fueron televisados para todo el país, ávido de ver partidos de los Webber, Williams, Stojakovic, Divac, Williamson, Barry...

La tercera campaña de J-Will no empezó tan bien. Tanto los Kings como el jugador se habían estancado en su progresión. El entrenador Rick Adelman empezaba a cansarse de la imprevisibilidad de Williams, de que no supiera controlar la situación en los momentos cruciales de los partidos y de sus malas decisiones en esos minutos finales. En el ambiente empezaba a foltar la idea de que los Sacramento Kings nunca conseguirían ganar nada con un base como Jason Williams, y a pesar de que el público seguía divirtiéndose con sus alley hoops y sus pases de ciencia-ficción, las críticas y voces discordantes empezaron a ser más frecuentes. Finalmente, Williams fue intercambiando por el base de los Vancouver Grizzlies, Mike Bibby.


Los Grizzlies, recién llegados a la ciudad de Memphis, veían el traspaso de JWill como una fructífera operación de marketing para atraer gente a las canchas, ya que la fama espectacular del jugador seguía vigente. Además, las declaraciones de su entrenador Sidney Lowe en el sentido de dejar hacer al base y amoldarse a su imprevisible y dinámico estilo de juego apoyaban esa decisión. Nada mas lejos de la realidad, ya que desde un comienzo Lowe prefirió apoyarse en el juego interior debido al espectacular arranque de Pau Gasol, y pedía a Williams que serenase su juego y se mostrase más cauteloso. Posteriormente otros entrenadores como Hubie Brown o Mike Fratello siguieron moldeando a Jason en ese mismo sentido, y a la vez que los Grizzlies mejoraban año tras año hasta ser capaces de entrar en play-offs en la salvaje Conferencia Oeste, Williams se convertía en un base más sobrio, reduciendo su porcentaje de pérdidas a niveles espectacularmente bajos y eligiendo mejor sus tiros y aumentando su cuota de acierto. Sin embargo, la chispa del Jason Williams original era prácticamente inexistente, se había institucionalizado. Como una estrella fugaz, la magia había desaparecido y de ese número 55 de los Kings solo quedaba una fuerte y polémica personalidad, que fue la que le llevó a salir de los Grizzlies.


En 2005 fichó por los Miami Heat de Shaquille y Pat Riley, consiguiendo el anillo de campéon y demostrando que con un jugador como Jason Williams (o parecido al que fue) se podía ganar la NBA. Dwayne Wade decía de él que “Las cosas tienen a veces un propósito en la vida. Tal vez su destino era venir a Miami y mostrar lo que sabía hacer bien, que es jugar a baloncesto”. Tras un par de temporadas más en Miami, pasó sin pena ni gloria por Orlando Magic y hace unos meses volvió al lugar en el que más estabilidad logró, Memphis. Hace unas semanas anunció que se retira, y al estar lesionado no está pudiendo participar de la excepcional temporada de los Grizzlies, que han conseguido la primera victoria en play-offs de su historia.

Sirva este post como homenaje a uno de los jugadores de baloncesto que más me han hecho divertirme y amar el baloncesto. Como dicen en la película Cadena Perpetua: "Algunos pájaros no pueden ser enjaulados, sus plumas son demasiado hermosas. Y cuando se van volando se alegra esa parte de ti que siempre supo que era un pecado enjaularlos. Aun así el lugar donde tú sigues viviendo resulta más gris y vacío cuando ya no están". Durante el tiempo que Jason Williams pudo volar libre, ilusionó y divirtió a mucha gente, y a veces eso se recuerda más que las victorias o el éxito.

ZAMPABOLLOS DE LA NBA

En la vida hay cosas que no se complementan. No nos cuadra en la cabeza el comer chorizo con nata, y de la misma manera que nos chirría ver a una monja con dos pistolas, también nos produce extrañeza e incluso risa ver a un gordo practicar deporte. Dejando a un lado deportes como la halterofilia o el sumo, hoy voy a habar de personas gordas (gordas, gordas, gordas supergordas...) que han llegado a formar parte de la mejor liga de baloncesto del mundo: ¡la NBA!

Todos sabemos que antes el deporte no estaba tan profesionalizado como ahora y carecía del rigor físico que existe en la actualidad. De la misma manera que en la NBA ha habido grandes jugadores con cuerpo de escombro, también hemos podido gozar de la presencia de titanes como Mel Turpin. Este orondo pívot, tras pasar por las filas de los Washington Bulletts, fichó por los Cavaliers de Cleveland. En el momento de firmar por los Cavs, medía 2,11 metros y pesaba unos 113 kilos. Unas semanas más tarde estaba ya en 120 kilos y al empezar los campus de entrenamiento de pretemporada, se había plantado en más de 140 kilitos.

Turpin era un jugador con graves problemas de concentración y de disciplina, y sus preparadores sudaron sangre para hacerle bajar a un peso razonable para que un hombre de su tamaño pudiese correr sin romperse los tobillos. A pesar de ello fue traspasado a Utah, donde siguió su idilio con la comida y su desencuentro con el entrenador de turno. En Utah el entrenador era otro ilustre gordo, el duro Frank Layden. Preguntado por el aporte de Turpin al equipo de los Jazz, dijo: "gracias a Turpin, hemos logrado equilibrar el banquillo de Utah esta temporada. Él se sienta en un extremo, yo en el otro y así logramos que no se levante".

El gordo Frank Layden junto a su ayudante Jerry Sloan

Por supuesto "Dinner Bell" Turpin fue largado del equipo a la primera oportunidad y recaló en España en las filas del CAI Zaragoza. Aquí siguió dilapidando su talento mientras engullía comida a ritmo de récord e incluso recibió el apodo de Mel "Hamburguesas" Turpin. Aunque andaba ya en casi 150 kilos, su rendimiento fue bueno y se ganó las habichuelas (y el resto del menú, por supuesto).

Uno de los casos más sangrantes ha sido el de Thomas Hamilton, pívot de 2,18 y más pesado que un Boeing 747. Al fichar por los Boston Celtics en 1995, el equipo le suspendió por estar fuera de forma. Meses después el equipo le sacó de la lista de lesionados al creer que ya estaba apto para jugar, pues bien, en ese momento Hamilton pesaba oficialmente ¡165 kilos!, así que no me quiero imaginar el lastre que llevaba encima cuando los Celtics le apartaron. Pronto volvió a las andadas y los técnicos de Boston le sugirieron que o bajaba a 150 kilos o se iba a la puta calle. Hamilton, un experto en desaprovechar oportunidades y defraudar a los que le querían ayudar, ni se molestó en intentar ponerse en forma. No en vano, años atrás y quedando pocas semanas para un torneo en el que estaban muchos ojeadores de la NBA, el agente de Hamilton fue a visitarle y se encontró a una mole de 200 kilos tirada en el sofá de casa.

 Oliver Miller

Otro de los zampabollos más ilustres en la historia de la NBA ha sido Oliver Miller. Conocido como "The Big O", aunque no por sus aptitudes sino más bien por su notable periferia corporal, el bueno de Oliver medía 2,06 metros y llegó a registrar en sus años golfos un peso de 150 kilos. A pesar de ello, en sus primeros años en la liga adquirió fama jugando en los potentes Phoenix Suns de otro "gordo" como Charles Barkley, aunque poco a poco su dejadez y sus grandes tragaderas fueron haciendo mella en su juego y su relación con los compañeros. El propio Sir Charles llegó a decirle: "¡Ni siquiera puedes saltar lo suficiente para tocar el aro a no ser que te pongan un Big mac en lo alto!". Su carrera fue en picado y tuvo que acabar mendigando contratos en la liga de Puerto Rico.

 Curry de frente y de perfil: el algodón no engaña

Esta temporada si duda que el premio al gordo del año se lo lleva Eddy Curry. El pívot de 2,11 fue elegido en el mismo draft que Pau Gasol sólo un puesto por detrás que el jugador catalán, y a pesar de unos inicios titubeantes tuvo alguna buena temporada en los Chicago Bulls y los New York Knicks. Una serie de lesiones sólo le han permitido jugar 10 partidos en las últimas tres temporadas. Hace poco los Miami Heat se han interesado en hacerle un contrato temporal para ayudar el equipo en los play-off, pero cuando Pat Riley le echó el ojo a sus más de 170 kilos de perímetro se lo pensó mejor y decidió no ficharle por temor a que se comiera a alguno de los integrantes del Big Three.
Estos son sólo algunos ejemplos, pero ha habido muchos otros jugadores de la NBA que han lastrado su carrera por tener una mala cabeza, poca disciplina y un apetito voraz, como Robert "Tractor" Traylor, Bryant Reeves o Michael Sweetney.

 Bryant Reeves, un gran oso grizzlie

EL TIQUI-TACA: APARICIÓN, DESAMBIGUACIÓN Y GENERALIZACIÓN



La palabra que define en estos días al mundo de la información es la inmediatez: queremos las noticias al momento porque no hay tiempo que perder, no hay tiempo ni para valorar las informaciones, ni contrastarlas ni cuidarlas. Tenemos mil y un maneras de enterarnos de lo que está sucediendo en el mundo al instante pero realmente cada vez nos enteramos de menos cosas. Esto viene a cuento de otro de los efectos secundarios de esta época de desinformación: la pérdida de significado de las palabras. Es decir, que ya no importa la manera de contar ni las palabras que utilizemos, lo importante es contar lo que sea. Y de la misma manera utilizamos palabras que no tenemos ni pajolera idea de lo que realmente significan.

Cuando hace dos años murió Andrés Montes, su epitafio en casi toda la prensa española fue: "dice adiós el creador del tiqui-taca". Siempre he pensado en cuánto mal ha hecho esta maldita palabra al fútbol y en cuan equivocada está la gente que piensa que él fue su inventor. Pero lo cierto es que (según yo tengo entendido) fue el ex-entrenador vizcaíno José María Maguregui la primera persona que utilizó el término, con un significado totalmente diferente.
Maguregui -longevo entrenador de equipos modestos como Sestao, Celta de Vigo, Racing de Santander o Espanyol- se refería al tiqui-taca para definir ese partidillo a lo ancho del campo que se jugaba en los entrenamientos después de los ejercicios físicos. Y por extensión, también llamaba de "tiqui-taca" al juego que practicaban algunos equipos basado en tocar el balón a ras de hierba pero sin llegar a ningún lado. Eran los años 80 y el tiqui-taca era por así decirlo la acepción futbolística del dicho "mucha salsa, poca carne". Un tipo de fútbol caracterizado por la pachorra, el toque excesivo, en definitiva: demasiado artificio para tan poco resultado.
Con el paso de los años otros entrenadores como Javier Clemente también añadieron esa palabra a su vocabulario. Todos conocíamos el estilo de juego de Clemente, y como él estaba en contra del tiqui-taca se llegó a la generalizacíon de que si Clemente estaba en contra del tiqui-taca era lo mismo que decir que "el juego directo y el colgar balones es lo contrario del tiqui-taca". Y así la palabra adquirió una nueva acepción: fútbol asociativo, dinámico y vertical.

La palabra pasó unos años de ligero ostracismo hasta que llegó Andrés Montes para martillearnos los oídos con mil y un chascarrillos que -desgracidamente- calaron muy hondo en el inconsciente colectivo. "Tiqui-taca, Salinas, tiqui-taca". La palabra estaba de nuevo en la boca de todo el mundo, la podías oír en la televisión, en el trabajo, en tertulias de bar, en el colegio... Ahora el tiqui-taca era ya definitivamente el sumum del fútbol, lo más alto a lo que se podía llegar. El Barcelona ganaba ligas y copas de europa, el Barcelona era el tiqui-taca, y el tiqui-taca era la hostia. El declive del Barcelona de Ronaldinho amenazó con acabar con el término, pero entonces la selección española y de nuevo el Barcelona volvieron a devolverlo a la primera plana.



Y ahora, ¿en qué situación estamos? Pues ahora que nuestra cortedad de miras nos ha hecho aceptar la "verdad" del tiqui-taca y su nexo de unión con el Barcelona, es la hora de acabar con la mentira del tiqui-taca y del Barcelona. Se oyen cosas como "el fundamentalismo del tiqui-taca", "parece que el tiqui-taca es la verdad única del fútbol" u otras generalizaciones por el estilo. Dicho de otra forma, los caballeros templarios del tiqui-taca son igual de ignorantes que los defensores a ultranza del "patapum p´arriba", por el sencillo hecho de que ni una ni otra cosa existen, ni ningún entrenador ordena a sus jugadores jugar al tiquitaca, o jugar al patapúm. Simplemente son términos que la prensa utiliza para su conveniencia, y que como hemos visto pueden cambiar de significado también a conveniencia.

En definitiva, el tiqui-taca nació como un término calificativo para una parte de la preparación futbolística, se extendió de forma peyorativa a valorar a un estilo de fútbol rimbombante pero falto de contenido y en último término paso a ser la bandera del fútbol cómo arte. Poco a poco entre ciertos sectores de la prensa y el deporte vuelve a tener connotaciones negativas y es probable que en pocos años pierda totalmente su significado y vuelva al anonimato de las palabaras olvidadas. Esperando que alguién invente otro término que dé de comer a los periodistas menos dotados y a los aficionados más aborregados.

Odio eterno al fútbol moderno

Tras varios meses sin inspiración para escribir nada congruente, aprecen nuestros queridos amigos de la LFP con la brillante idea de querer parar el fútbol, porque se niegan a emitir un partido en abierto, tal y como recuerdo yo desde que tengo consciencia.

Recuerdo que hace años, el partido de los sábados era a las 8 y por las autonómicas, entonces los que se quejaban eran los del sector hostelero, argumentando una reducción en las recaudaciones por la hora del partido, estoy seguro de que ahora ya no se quejan.

Lo que tiene más miga del asunto es que la liga le exige al Gobierno que se implique en el asunto, y es que el mismo Gobierno que permitió la conversión de los clubes en Sociedades Anónimas Deportivas, fue el que provocó el principio del fin del fútbol como lo conocíamos.

Antes de la conversión de los clubes en SAD, la deuda total de estos no llegaba a los 600 millones de euros(tirando por lo alto), pero es que en la actualidad la deuda global de primera y segunda división supera los 3600 millones de euros, y todo esto obviamente bajo el beneplácito de nuestro querido Gobierno.

Quiero decir con esto, que cuando a la LFP no le salen las cuentas lo más fácil es pedirle al papá Estado que le eche un cable. Por mí, el Señor Astiazarán y sus amiguitos estaban en la calle hace tiempo.

Y después de la crítica, os voy a poner un vídeo que me ha pasado mi colega Dani, que después de la mala hostia de los últimos días, he de reconocer que me ha alegrado la semana.
La verdad os lo recomiendo empecinadamente, me parece super original, y además es de fútbol...Estoy seguro de que a nuestros colaboradores y seguidores os va a encantar...

Odio Eterno al Fútbol Moderno

Jackie Stewart y Bob Williams. Una lucha suprema.

Hace unos días me puse a ver este videoclip:


El videoclip es una puta obra maestra.

En él, se narra la lucha de dos grandes pilotos por el campeonato de fórmula 1 como son Jackie Stewart y Bob Williams.
La verdad es que el clip entrelaza de muy buena manera imágenes reales de la f1 de 1970 con un un Robbie Williams caracterizado para la ocasión. Mola!

Y ahora es cuando surge la pregunta ¿Qué fue de Jackie Stewart y de Bob Williams?

Empezaremos por Jackie Stewart.
La vida de Jackie siempre estuvo ligada al motor, ya que sus padres tenían una tienda donde vendían los automóviles Jaguar. Viendo que el chaval pasaba ahí casi todo el día y que se le daban mal los estudios se metió al automovilismo y poco a poco fue ascendiendo hasta llegar a la fórmula 1.
Una vez en 'el Circo', el escocés fue campeón en 1969, 1971 y 1973.
En 1997 Stewart volvió. Esta vez como constructor dirigiendo junto a su hijo la escudería Stewart Grand Prix. Esa escudería fue comprada y convertida en Jaguar y posteriormente en Red Bull Racing.
El resto es historia.

Nos queda Bob Williams. Según el vídeo el díscolo Bob luchó mano a mano con Jackie por el campeonato una temporada. A pesar de sus buenos resultados ese año estuvo cargado ya que tuvo accidentes y un juicio por separación. En la última carrera tuvo un despiste y quedó encerrado en su caravana no pudiendo así tomar la salida el día que se decidía el título.
Por lo que se ve Bob estaba más interesado en sus amantes, la guitarra y el fumar en pipa. Todo un personaje 'el As'.

Y os volveréis a preguntar ¿Entonces, qué fue de Bob?
Pues a poco investigadores que seáis os daréis cuenta que Bob es un nombre muy parecido a Rob, diminutivo del diminutivo Robbie, diminutivo de Robert Peter Williams, el cantante.
Es decir, Bob Williams nunca existió ni fue un célebre cantante de blues ni inventó la pipa de fumar libre de tabaco.

Aún así no me negaréis que el videoclip nos cuenta una historia muy entretenida.

CÓMO ASESINAR AL JEFE

Año 1970. Universidad de Lasalle (Pennsylvania). Ese año un peculiar entrenador llamado Paul Westhead se hace cargo del equipo de baloncesto del campus. Además de sus labores de coach, Westhead se encarga también de dar clases de literatura y poesía ya que es un gran conocedor de Shakespeare, entre otros autores. Hombre polifacético, utiliza para entrenar a sus jugadores algunos libros como "El zen y el arte del tiro con arco" o "El juego interior del tenis", obligando a los chicos a realizar cosas tan poco corrientes como rondas de tiro a canasta sin balón, o ensayos de tiros libres con los ojos cerrados. Y lo mejor de todo es que las enseñanzas de Westhead funcionan, las victorias llegan consistentemente y este entrenador de Philadelphia graduado en Literatura empieza a hacerse un nombre en el mundo del baloncesto.

Ese mismo año, a varios miles de kilómetros de distancia de Pennsylvania, más concretamente en Denver, un potente ala-pivot nacido en Missisipi debutante en la ABA acaba de conseguir en ese mismo año con los Denver Rockets los galardones de Rookie y MVP de la temporada promediando unos 30 puntos y 20 rebotes. Jugador explosivo y muy excéntrico, Spencer Haywood vive a tope tanto dentro como fuera de cancha, se entrega a sus grandes pasiones: el baloncesto, las chicas, el alcohol y el jazz. Haywood, todo un campeón olímpico (en Mexico '70) empieza a llamar a las puertas de la NBA y los grandes equipos se lo rifan.
 
 
Así pues, estos dos caracteres tan dispares comienzan la década de los 70 dispuestos a comerse el mundo. Y las cosas siguen rodando bien, Westhead consigue llevar a buen puerto su ultrarrápido esquema de juego a La Salle, un run-and-gun a toda velocidad en el que las defensas desaparecen para poner toda la carne en el ataque. No importa encajar 160 puntos si consigues anotar 161. La Universidad llega dos veces al torneo de la NCAA y en 1979 Paul Westhead recibe una gran noticia: Jack McKinney, amigo suyo y a la sazón entrenador de Los Angeles Lakers le ofrece ser su ayudante en la franquicia californiana. Y pocas semanas más tarde salta la sorpresa, ya que McKinney sufre un grave accidente en bicicleta y delega la labor de entrenador en Westhead. De entrenar en la universidad a hacerlo en el mejor equipo del mundo en apenas dos años, buen bagaje para él.
 
 
La carrera de Spencer Haywood tiene más baches en el camino. Tras fichar por los Seattle Supersonics y hacer varias temporadas a gran nivel, siendo incluso all-star, poco a poco los excesos van haciendo que su juego decaiga. Las noches cada vez se hacen más largas, el éxito atrae malas compañías como la cocaína y es traspasado a los Knicks, donde sus problemas no hacen más que agravarse. En Nueva York  hay mucha más cocaina y muchas más mujeres, allí conoce a la top-model Imán (posteriormente mujer de David Bowie) con la que acaba casándose. Tras recalar en los New Orleans Jazz, el baloncesto (por medio de Paul Westhead) le da una última oportunidad de reeencontrarse a sí mismo fichando por Los Angeles Lakers.
 

Haywood era una apuesta personal de Westhead, que incluso había dado a cambio a Adrian Dantley para poder conseguir al jugador sureño. Pero desde un principio las cosas no marcharon bien, ya que Haywood estaba ya visiblemente afectado por sus problemas con la coaína y el crack, no daba la talla en la pista y no hacía más que crear problemas y controversia allá por donde iba. Durante los partidos, solía levantarse desde el banquillo agitando la toalla y gritando su nombre para que la gente le corease y pidiese al entrenador que le sacase a pista. Pasaron los meses y los Lakers llegaron a las finales NBA contra los Sixers de Philadelphia, y Haywood tenía la oportunidad de hacerse valer y demostrar al entrenador que podía confiar en él: pero nada más lejos de la realidad. Un día, tras una larga charla técnica de Westhead en el que enseñaba a los jugadores varios videos del rival, el televisor se apagó, las luces se encendieron y ahí estaba Spencer Haywood completamente dormido. A regañadientes se levantó de la silla y se dirigió con sus compañeros al entrenamiento, tras vendarse los tobillos le pidió de muy malas maneras las tijeras a un compañero. Éste le dijo que las cosas se podían hacer con buenos modales, a lo que Haywood le contestó que "si tengo que pedirte las tijeras por favor, prefiero no utilizarlas". Comenzó el entrenamiento y a los pocos minutos ya estaba otra vez dormido a pierna suelta, y eso fue ya la gota que colmó el vaso para Westhead, que decidió expulsar al jugador del equipo para el resto de las finales.

Entonces Spencer Haywood hizo lo que cualquier persona en sus cabales NO habría hecho. Lleno de furia y hasta arriba de cocaína, cogió su coche y se dirigió rápidamente a casa mientras un plan se gestaba en su perturbada mente: "Abandoné el Forum y mientras iba en mi Rolls a casa daba vueltas a un único pensamiento: que Westhead debía morir". Llegó a casa y no sólo no desistió de sus planes sino que siguió maquinando, y decidió que la mejor manera de acabar con el entrenador era manipular los frenos de su coche. Llamó a un amigo suyo, un gangster de Detroit, y le explicó la situación y lo que había que hacer. Todo estaba preparado, pero la madre de Haywood acabó enterándose del asunto y tras hablar con su hijo y le hizo recapacitar. Por suerte para Westhead, el erudito profesor de literatura, acababa de librarse de protagonizar en sus propias carnes una gran tragedia de tintes shakespearianos. Lo cierto es que, por unos u otros motivos, ni Haywood ni Westhead tuvieron una larga carrera en los Angeles, sus singulares personalidades les llevaron a lugares de lo más variopintos alejados de la primera línea deportiva en los que poder reencontrarse a sí mismos: Haywood rehabilitarse y volver a sentirse una persona y baloncestista válido, y Westhead por su parte conseguir poner en marcha su supersónica táctica de juego.

CUIDADO CON LOS DESCONOCIDOS

 
La semana pasada, en el partido en el que el Tottenham Hotspurs dejó encarrilado su pase a los cuartos de final de la Champions League, tuvo lugar una trifulca de Gattuso con el segundo entrenador del equipo inglés. El centrocampista italiano, muy alterado durante todo el partido, se encaró con Joe Jordan, ayudante de Harry Redknapp, y le propinó un pequeño cabezazo que dio inició a una multitudinaria tángana sobre el césped de San Siro.

La mayoría de la gente que vio las imágenes se echó las manos a la cabeza pensando "Ay, pobre hombre, como Gattuso toque a ese señor tan mayor e indefenso le manda al otro barrio". Pero lo que esa gente no sabía, y quizás Gattuso tampoco, es que ese tal Joe Jordan fue hace años uno de los futbolistas más duros del momento, jugando entre otros muchos equipos.... ¡en el mismísimo AC Milán!
 
Joe Jordan en el  centro y Brian Clough a la derecha.  Este último duró poco

Jordan empezó jugando al fútbol en un modesto equipo de su Escocia natal hasta que, con 19 años, fue reclamado por el mítico Leeds United dirigido por Don Revie (para más información podéis ver la película The Damned United). En este equipo Joe Jordan pudo dar rienda suelta a sus máximas cualidades, ya que era un delantero rudo, duro, muy combativo y sobre todo muy peligroso en los balones aéreos. Vamos, que era un jugador que iba a por todas, sin miedo a meter la pierna, la cabeza o lo que fuese. La viva imagen del potente Leeds de los años 70. En el equipo de Elland Road formó la llamada "mafia escocesa" con otros jugadores como Lorimer, McQueen y sobre todo Billy Bremner, la auténtica alma del equipo y nombrado mejor jugador de la historia del Leeds. En este equipo no había medias tintas y los entrenamientos eran tan o más disputados que los partidos oficiales, y Jordan puede atestiguarlo, ya que en una sesión preparatoria recibió un fuerte golpe en la boca que le dejó sin los dientes delanteros, dándole a su aspecto ese típico toque escocés tan entrañable:


Jim Leighton, Joe Jordan y Craig Burley. ¡Hijos de Escocia!
 
Joe Jordan - o "Tiburón", como se le empezó a conocer desde entonces- recibió en 1981 una oferta del AC Milán, que en aquellos tiempos no hacía honor ni por juego ni por resultados a la gran historia del club. Sin embargo Jordan decidió unirse a los rossoneros, siendo uno de los jugadores más destacados del equipo en una temporada de infausto recuerdo ya que el Milán descendió a la serie B. A pesar de ello, el escocés fue un jugador importante durante sus dos años en Milán, como lo demuestra el hecho de que fuera nombrado uno de los 110 jugadores más importantes de la historia del club.
 

Y con la selección escocesa tampoco se quedó corto. El es el único jugador de esta selección capaz de anotar en tres mundiales diferentes. Por ello y por su gran entrega y dedicación se le conoce en las islas como "Braveheart Joe".

Con estos datos en la mano, es posible que Gattuso sea más precavido en otra ocasión, ya que en otra época no muy lejana quizás el "Tiburón" Joe Jordan se hubiera comido al rinoceronte italiano.

Racing Albacete. Culo a tope de goles.

Muchas veces miramos la jornada liguera y decimos 'Pues me veo el de mi equipo y del resto de partidos no me interesa ninguno'. A priori siempre hay partidos entre un equipo de la zona baja y otro de la zona media-baja que huelen a pestiño desde el momento de su concepción.

Por suerte, en ocasiones parece que incluso a ambos equipos les da igual el propio partido, se desmelenan y empiezan a jugar sin preocuparse de las defensas, simplemente pendientes de meter goles como si estuvieran en el patio del colegio y es ahí donde dan un espectáculo digno de ser recordado.

Esto que estoy diciendo por suerte o por desgracia suele pasar mucho en los encuentros de copa en los que a ninguno de los dos equipos les va la vida en ello, saben desde el principio que no van a ganar dicho torneo y juegan con un nivel de relajo en defensa que termina convirtiendo los encuentros en auténticos partidazos. El caso del Almería-Mallorca de este año con un 4-3 y un 3-4 es un buen ejemplo.

Pero quería hablar de un caso singular; el de un Racing de Santander vs Albacete de la temporada 95/96, aquel día los dos equipos empataron a cinco.


Admítelo, nunca has jugado un Racing Albacete en el FIFA

Y es que en aquel partido debió haber mas fallos defensivos que gazapos en la película Comando.
Repasando las alineaciones recuerdo a un Racing con rusos y jugadores del este de la época post-Dimitri Radchenko con Popov, Faizulin y Zigmantovic. También andaban por ahí el eterno Ceballos bajo palos y Billabona.

El fútbol del este, sin duda el mejor del mundo.

Del Albacete también hay miga; entrenados por un Benito Floro en la época en que era visto como una especie de mago del fútbol capaz de convertir cualquier equipo medio en un aspirante a título.
Pero de entrenadores no vive el fútbol y en el cesped estaban la jóven promesa Escaich, Maqueda, Zalazar (creo que era el tipo que rompía la pelota en cada falta, aunque a este igual le estoy confundiendo con 'el Toro Aquino'), Bjeliça y me quedo con la duda de no saber si ese Luna que aparece es el que provenía del Sporting de Gijón.

Desde entonces hasta hoy no he vuelto a ver un empate a cinco en liga, creo que es el record, que nunca se ha empatado a seis. De hecho al Albacete le llevó trece años volver a marcar cinco goles fuera de casa.
Han pasado quince años de toda esta historia, espero que pronto podamos volver a ver un orgasmo de fútbol de ese calado en cualquier campo de primera.

RACING: Ceballos, Luis, Pablo, Roncal (Faizulin 23'), Billabona, Alberto, Zigmantovic (Tomás 34'), Txema, Iñaki, Popov y Herrera
ALBACETE: Marcos, Manolo (Escaich 83'), Alejandro, Tomás, Vasiljevic, Maqueda (Zalazar 55'), Jesús, Josico, Luna, Bjeliça y Riesco
GOLES:
1-0: Billabona (1')
1-1: Bjeliça (p.) (10')
1-2: Bjeliça (11')
2-2: Faizulin (45')
2-3: Josico (52')
2-4: Coco (67')
3-4: Popov (73')
4-4: Alberto (75')
5-4: Alberto (80')
5-5: Luna (87')

Sentimientos encontrados


Quien más quien menos, esperaba el partido de ayer con cierta incertidumbre. Aparte de la bravuconería de ambas aficiones, nadie sabía a ciencia cierta lo que podía ocurrir en el clásico.

Esa es la parte positiva de no involucrarte emocionalmente en un partido de ese tipo, el no ser hincha de ninguno de los dos y no profesar mucho aprecio a ese tipo de clubes, te permite ver los toros desde la barrera, y disfrutar del partido sin mayor interés que ver fútbol.

Muchas veces, cuando se producen este tipo de enfrentamientos, tengo la sensación de que el hincha piensa más en joder al prójimo que en su propio equipo. Parece que lo importante no es que tu equipo gane, sino que el contrario pierda, y es ahí donde me parece que se pierde la perspectiva y el fair play de este deporte.

Todos sabemos que hoy los aficionados del Barca están exultantes, mientras que los merengues no estarán muy contentos, pero ¿que hay de los aficionados del resto de equipos de primera y segunda división?

Os dejo una encuesta para valorar que sentimiento os produce el resultado del Barca- Madrid.
Animaos y participad....

El modo escenario del 2K11

Este mes ha salido a la venta el NBA 2K11, la competencia directa del NBA live de EA. Es la misma guerra que hay en el fútbol con el PRO y el FIFA.

Personalmente no conozco mucho de baloncesto, es mas no me se bien las reglas y jugar conmigo se antoja un festival de pasos, manotazos y demás jugadas que sin mala intención cometo cada poco. En el terreno del baloncesto virtual nunca he jugado ni al NBA 2K ni al NBA live, simplemente recuerdo de mi época escolar que los baloncesteros de la clase jugaban al NBA live por los comentarios de Andrés Montes. Bueno, jugaban a ese entre otras cosas porque el NBA 2K no existía. Yo jugaba a otros juegos de basket, concretamente a máquinas de bares menos estrictas y más divertidas, ya hablé de ello hace tiempo...

Este año el 2K11 tiene el reclamo de Michael Jordan y la opción de 'El reto Jordan' donde debes imitar algunas de las mayores hazañas. Esto tan cojonudo hace que me apetezca comprar el juego y a la vez me recuerda que algo que parece tan novedoso ya se inventó hace tiempo, aparecía en las primeras versiones del ISS, que luego convivió con el PRO y que ahora llamamos PES.


Recuerdo algunos retos, como por ejemplo aguantar un marcador favorable con varios jugadores menos o jugar un Corea del sur - España perdiendo 0-2 a falta de poco para el final y terminar ganando, recreando algo parecido a lo que sucedió en el mundial de estados unidos.
Hablo de un juego de 1995 que sin tanta tecnología y derechos de imagen como tenemos ahora ya recopilaba buenas ideas.

La gracia de todo esto es que en el NBA dependiendo del reto tendremos que jugar con mejores o peores plantillas ya que lo más importante que hizo MJ fue empezar con un equipo mediocre como lo eran los Bulls y terminar haciéndolo seis veces campeón.

Alguno de los diez retos que tendrás que recrear es por ejemplo la noche aquella de play offs de 1986 en la que Jordan endosó 63 puntos a los Celtics Boston de Larry Bird. Aquella eliminatoria la perdió Chicago por un global de 3 - 0 pero siempre será recordada la frase de Bird tras ese partido 'Esta noche Dios se ha disfrazado de Michael Jordan.'.



Otro reto a batir será la de anotar 69 puntos contra los Cavaliers, imitando la semifinal de conferencia de 1989, en la que MJ nos dejó otro momento para la historia, la jugada llamada como 'el tiro', no confundir con 'el último tiro' también de Michael Jordan. En esta jugada MJ dió la victoria a su equipo con un tiro en suspensión sobre la bocina mientras era marcado por tres defensas. Como diría Iniesta 'Un momento de la hostia'.


El momento entrenador eufórico también es para enmarcar.

También debes recoger el guante con la final de 1992 ante los Portland Trail Blazers. Esta vez no debes jugar el partido entero, con anotar 35 puntos y seis triples antes del descanso ya está. Coser y cantar.

Por último quería destacar el reto de 'El partido de la fiebre' de 1997 en la final ante mis queridos Utah Jazz de Stockton y Malone. Esta vez Jordan estaba enfermo y era seria duda para el encuentro. Aun así se cascó 38 puntos y 7 asistencias. En el juego simplemente juegas con un Jordan cuyas estadísticas serán más bajas de lo normal y se agotará enseguida.



En fin, una gran idea y una gran innovación para los videojuegos. Y ahora es el turno de apostar ¿Quién plagiará antes la idea, FIFA o PRO?