AFICIONADOS GILIPOLLAS: IDIOTAS EN EL PELOTÓN

Todos los años se produce un extraño fenómeno de la naturaleza al llegar el periodo estival. Las bicicletas son para el verano, y cuando éstas se ponen en marcha, personas de lo más variopinto procedentes de todos los rincones del orbe se ven atraídas hacia un mismo punto. Domingueros de camping, paletos locales, gordos cerveceros lectores del Marca y un largo de etcétera de extraños sujetos se visten con sus galas más vergonzantes, cogen su cámara de fotos y se disponen a ascender los puertos más escarpados de la geografía francesa. Y en ese momento todos ellos se convierten en.....AFICIONADOS GILIPOLLAS DEL TOUR DE FRANCIA!!!

Pues sí, los sufridos ciclistas, esos titanes que conocemos como "los esforzados de la ruta", no sólo tienen que aguantar las altas temperaturas o el frío extremo, los largos kilometrajes o las fuertes pendientes de las etapas de montaña, sino que deben convivir con el miedo de que quizás en el próximo giro les sorprenda la fatalidad en forma de aficionado imbécil oculto en una de las cunetas. No obstante, hay diferentes tipos de aficionados: están aquellos que tienen suficiente con ver pasar la serpiente multicolor junto a ellos, luego está gente como el entrañable diablo del Giro de Italia, que corre junto a los ciclistas tridente en mano, y también tenemos al aficionado potencialmente mas peligroso, el temerario que no se conforma con ver sino que quiere tocar la anatomia del deportista, jalearle, enseñarle su mano gigante de PMU al llegar al sprint o ponerle una bolsa de avituallamiento delante del morro por mucho que el ciclista trate de evitarlo. Pero sin más dilación pasemos a analizar de forma más concreta el método de actuación de estos elementos.

A nuestro primer especimen se le dio el apodo de "el tonto de los Alpes". Todo ocurrió en el tour de 1999, en una etapa que acababa en Alpe D´Huez, en la que quedando tres kilómetros para coronar se escapó del grupeto principal Giuseppe Guerini del Telekom. Y ahora viene la pregunta de examen: el tren A (Guerini) se encuentra a tres kilómetros de meta y va a una velocidad de unos 20 kilómetros por hora, y el tren B (un aficionado gilipuertas haciendo fotos en mitad de la carretera) está dos kilómetros más adelante y a una velocidad absurda propia de la película Spaceballs. ¿Cuál es el resultado de este problema matemático?; pues bien, el resultado es realmente catastrófico: el tontaina de la cámara, al llevar un objetivo largo, se cree que el ciclista está más lejos de él, y no se aparta del medio de la carretera hasta que Guerini ya se encuentra tirado por los suelos. Por la noche, el tonto de los Alpes fue al hotel del Telekom a disculparse y, por lo que nosotros sabemos, no rompió ningún jarrón ni mató a nadie de forma involuntaria.
En esa misma etapa, unos cuantos kilómetros antes, ya hubo otro incidente relacionado con estos seguidores del deporte de la bicicleta. Yendo escapado el francés Stephane Heulot, vio por el rabillo del ojo que un aficionado se le acercaba por el flanco derecho con intenciones amistosas, y el bueno de Heulot -ni corto ni perezoso- le arreó un cachete en toda la jeta para que supiera a que atenerse. Más vale prevenir, y aquel anónimo aficionado seguro que se lo piensa dos veces antes de acercarse a otro ciclista.

"Toma galleta, tontolaba"

Hasta aquí el repaso de los que actúan en solitario. Vamos a analizar ahora los movimientos de aquellos que se mueven en rebaño, bajo el manto protector de la multitud. No podemos negar que los ciclistas muchas veces pasan calor y llegan realmente asfixiados, y a veces no le hacen asco a un traguito de agua. Sin embargo, algunos aficionados prefieren obrar a las bravas: cogen unos cuantos baldes de agua y se los tiran en plena agua a los ciclistas, los cuales a veces reaccionan acojonados creyendo que el monzón tropical ha llegado sin previo aviso.

Pero no penséis que los freaks se localizan solo en el Tour de Francia, ya que el resto de las grandes rondas no están huérfanos de subnormales. Tal es el caso de aquel año en que un aficionado ciclista frustrado tomó la salida en una etapa de la Vuelta a España sin que la organización se diera cuenta. El espontáneo se mantuvo en el pelotón hasta que el resto de los ciclistas empezaron a mirarle cada vez con un mayor mosqueo, preguntándose entre sí quién cojones era ese tipo. Al final de la etapa no se le hizo el control antidopping, pero daba la impresión de llevar un buen pelotazo encima...

En la edición de este año de la ronda gala aún no ha habido ningún incidente de este tipo, pero andad al acecho queridos lectores, ya que estos bichos actúan con mucho sigilo y tienen una capacidad reproductoria realmente elevada.

Y aquí las pruebas del crimen:
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2 Responses
  1. Ivan Says:

    no hay cosa que me ponga más nervioso que ver a los subnormales estos en las etapas de montaña...


  2. Melo Says:

    ese ivane participando de estas batallas...el otro día en un foro privado coméntamos la anécdota del vídeo, la verdad es que el Tour da mucho juego en cuanto a capullos se refiere, y cada vez menos en cuanto a espectáculo deportivo.
    Buena entrada Mark, y buena labor de investigación.
    Ala, a jugar a pala.