ZAMPABOLLOS DE LA NBA

En la vida hay cosas que no se complementan. No nos cuadra en la cabeza el comer chorizo con nata, y de la misma manera que nos chirría ver a una monja con dos pistolas, también nos produce extrañeza e incluso risa ver a un gordo practicar deporte. Dejando a un lado deportes como la halterofilia o el sumo, hoy voy a habar de personas gordas (gordas, gordas, gordas supergordas...) que han llegado a formar parte de la mejor liga de baloncesto del mundo: ¡la NBA!

Todos sabemos que antes el deporte no estaba tan profesionalizado como ahora y carecía del rigor físico que existe en la actualidad. De la misma manera que en la NBA ha habido grandes jugadores con cuerpo de escombro, también hemos podido gozar de la presencia de titanes como Mel Turpin. Este orondo pívot, tras pasar por las filas de los Washington Bulletts, fichó por los Cavaliers de Cleveland. En el momento de firmar por los Cavs, medía 2,11 metros y pesaba unos 113 kilos. Unas semanas más tarde estaba ya en 120 kilos y al empezar los campus de entrenamiento de pretemporada, se había plantado en más de 140 kilitos.

Turpin era un jugador con graves problemas de concentración y de disciplina, y sus preparadores sudaron sangre para hacerle bajar a un peso razonable para que un hombre de su tamaño pudiese correr sin romperse los tobillos. A pesar de ello fue traspasado a Utah, donde siguió su idilio con la comida y su desencuentro con el entrenador de turno. En Utah el entrenador era otro ilustre gordo, el duro Frank Layden. Preguntado por el aporte de Turpin al equipo de los Jazz, dijo: "gracias a Turpin, hemos logrado equilibrar el banquillo de Utah esta temporada. Él se sienta en un extremo, yo en el otro y así logramos que no se levante".

El gordo Frank Layden junto a su ayudante Jerry Sloan

Por supuesto "Dinner Bell" Turpin fue largado del equipo a la primera oportunidad y recaló en España en las filas del CAI Zaragoza. Aquí siguió dilapidando su talento mientras engullía comida a ritmo de récord e incluso recibió el apodo de Mel "Hamburguesas" Turpin. Aunque andaba ya en casi 150 kilos, su rendimiento fue bueno y se ganó las habichuelas (y el resto del menú, por supuesto).

Uno de los casos más sangrantes ha sido el de Thomas Hamilton, pívot de 2,18 y más pesado que un Boeing 747. Al fichar por los Boston Celtics en 1995, el equipo le suspendió por estar fuera de forma. Meses después el equipo le sacó de la lista de lesionados al creer que ya estaba apto para jugar, pues bien, en ese momento Hamilton pesaba oficialmente ¡165 kilos!, así que no me quiero imaginar el lastre que llevaba encima cuando los Celtics le apartaron. Pronto volvió a las andadas y los técnicos de Boston le sugirieron que o bajaba a 150 kilos o se iba a la puta calle. Hamilton, un experto en desaprovechar oportunidades y defraudar a los que le querían ayudar, ni se molestó en intentar ponerse en forma. No en vano, años atrás y quedando pocas semanas para un torneo en el que estaban muchos ojeadores de la NBA, el agente de Hamilton fue a visitarle y se encontró a una mole de 200 kilos tirada en el sofá de casa.

 Oliver Miller

Otro de los zampabollos más ilustres en la historia de la NBA ha sido Oliver Miller. Conocido como "The Big O", aunque no por sus aptitudes sino más bien por su notable periferia corporal, el bueno de Oliver medía 2,06 metros y llegó a registrar en sus años golfos un peso de 150 kilos. A pesar de ello, en sus primeros años en la liga adquirió fama jugando en los potentes Phoenix Suns de otro "gordo" como Charles Barkley, aunque poco a poco su dejadez y sus grandes tragaderas fueron haciendo mella en su juego y su relación con los compañeros. El propio Sir Charles llegó a decirle: "¡Ni siquiera puedes saltar lo suficiente para tocar el aro a no ser que te pongan un Big mac en lo alto!". Su carrera fue en picado y tuvo que acabar mendigando contratos en la liga de Puerto Rico.

 Curry de frente y de perfil: el algodón no engaña

Esta temporada si duda que el premio al gordo del año se lo lleva Eddy Curry. El pívot de 2,11 fue elegido en el mismo draft que Pau Gasol sólo un puesto por detrás que el jugador catalán, y a pesar de unos inicios titubeantes tuvo alguna buena temporada en los Chicago Bulls y los New York Knicks. Una serie de lesiones sólo le han permitido jugar 10 partidos en las últimas tres temporadas. Hace poco los Miami Heat se han interesado en hacerle un contrato temporal para ayudar el equipo en los play-off, pero cuando Pat Riley le echó el ojo a sus más de 170 kilos de perímetro se lo pensó mejor y decidió no ficharle por temor a que se comiera a alguno de los integrantes del Big Three.
Estos son sólo algunos ejemplos, pero ha habido muchos otros jugadores de la NBA que han lastrado su carrera por tener una mala cabeza, poca disciplina y un apetito voraz, como Robert "Tractor" Traylor, Bryant Reeves o Michael Sweetney.

 Bryant Reeves, un gran oso grizzlie
2 Responses
  1. Yakito Says:

    Me he reido bastante con esta divertida lista de gorditos.
    Lo mejor sin duda las frases de sus compañeros.

    Hace un tiempo mi hermano me dijo de hablar de un tipo que posiblemente sea el deportista más gordo de la historia; el japonés Konishiki que dio en la báscula 285 kilos y una vez retirado 303. Por supuesto, se dedicaba al sumo...
    http://solitariogeorge.files.wordpress.com/2009/07/1345.jpg

    Y hace no mucho me dijeron de escribir sobre futbolistas orondos. La verdad es que me has puesto el listón bastante alto.


  2. Mark Says:

    Claro, es que en deportes como el sumo, la halterofilia o el lanzamiento de peso la cosa es más normal...

    Lo curioso del caso de la NBA es que hace unos años hicieron una medición del nivel de masa corporal de los jugadores, y varios de ellos recibieron la calificación de obesos (un ejemplo: Shaq)